miércoles, 7 de marzo de 2012
Ética y estética de Pereza (II): "vamos a salir en el telediario"
Nunca segundas partes fueron buenas, pero toda la mitología, la ficción, los claroscuros y las veras de los anteriormente conocidos como Pereza da para que fluya mucha tinta. Si en el post anterior me centré en la banda y su trayectoria, en estas líneas quiero profundizar en las personas de Pereza, su presente y qué les puede deparar el futuro, aprovechando la emancipación de Rubén y Leiva como músicos.
Empezaremos por el más joven, que es el único que hasta la fecha ha osado publicar su disco de debut. No engañaré a nadie, yo soy más de Leiva, por cuestión de gustos y de afinidad musical. Pereza me empezó a gustar a medida que Lei se hacía más importante en la banda y se consolidaba la amistad del 10 con el Kid (apelativos cariñosos de Leiva y Quique González), referencia básica de este blog. De hecho, mi primera sensación de simpatía hacia Pereza la tuve la primera vez que vi a Quique en directo, hace ya seis años, cuando el Kid les invitó a cantar Hotel Los Ángeles. Esta amistad descubriría a Leiva nuevos horizontes musicales a la hora de escuchar e interpretar canciones y que les brindaría una serie de colaboraciones muy especiales para los dos y para los que nos contamos entre sus fans.
Leiva ha hecho un disco magnífico, que se ha currado como un auténtico obrero del rock: co-productor, autor/co-autor de los 13 temas, e intérprete de casi todos los instrumentos. Además se ha rodeado de una cuadrilla de banderilleros de lujo, entre los que destacan su hermano Juancho (de Sidecars), César Pop (del que luego hablaremos) a los teclados, Tuli (ex batería de Pereza) al saxo, y a los coros Sara Íñiguez y fugazmente en una canción Michelle Jenner. Vamos, que la cosa queda prácticamente en familia.
En Diciembre se nota a Leiva a sus anchas, con un sonido de rock and roll clásico que sigue la línea de Aviones, pero mucho más trabajado y depurado con un cuadro de vientos y más arreglos corales y de guitarra. Predominan los rocks compactos con riff y estribillo melódico y sin florituras (Nunca nadie, Eme, Las cuentas, Penaltis). Una de mis favoritas, 92, va camino de convertirse en una especie de himno generacional para los que nacimos el año de la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. De momento se ha convertido en banda sonora de mi momento vital.
Hay hueco también para canciones más lentas y líricas como Aunque sea un rato, la colaboración de rigor con QG, Sudando la tristeza, la increíble Vis a vis, con una trabajada letra y el solo acompañamiento de una acústica y un cello, y un tema que sobresale por encima de todos los demás, el que ha dado nombre a este post: Telediario. Esta canción creció en el seno de Autopista, ese grupo que un día montaron Leiva, Quique, César Pop, Karlos Aráncegui y Fernando Macaya, básicamente para pasarlo bien. En un breve vídeo de presentación de la banda, perdido en la red desde hace cuatro o cinco años, se ve a los Autopista cantando a coro las estrofas finales de Teledario. Ese estribillo directo al centro del alma ("paren la vida, me quiero bajar"), ese interludio en que los slides de las Fender anticipan un desenlace épico y el éxtasis final con todos los instrumentos y voces sonando con el corazón mientras Leiva canta con todo lo que tiene dentro "vamos a salir en el telediario". Todo esto convierte esta en una canción única, la canción que a mi me hubiera gustado escribir.
Merece mención aparte el maestro César Pop, intérprete de teclados, pianos y acordeón a lo largo de todo Diciembre, destacando esa entrada magistral con el Hammond en Telediario. Pop lleva ya unos años siendo el teclista de Pereza, donde ha demostrado su calidad técnica e incluso ha llegado a firmar mano a mano con Leiva la letra de todo un himno para los fans como es Estrella Polar. Dentro de este nuevo rumbo que ha tomado Pereza, Pop ha sabido mover ficha también y adelantarse a sus jefes Rubén y Leiva en la publicación de un disco en solitario. La última vez que escribí sobre él (ver aquí) no me había hecho aún con su disco. Mis expectativas eran buenas, pero fueron más que superadas. Te llames como te llames es un disco magistral, indispensable, con el valor añadido de que no está disponible en las tiendas, solo en formato digital y, para frikis como el que escribe, en formato CD que se puede pedir por correo postal al mismo César, que deferentemente lo envía a tu casa por un módico precio y te lo agradece con una nota personalizada. Solo un auténtico grande, un enamorado de la música y un trabajador del rock and roll es capaz de hacerlo, y César Pop lo es.
Solo me dejo a Rubén Pozo Prats. Cabe preguntarse si recogerá el guante que Leiva le ha lanzado con maestría, ya que Diciembre ha demostrado que solateras tiene mucho que ofrecer. Pegatina, primer single de Lo que más, no me ha decepcionado (ni me ha entusiasmado), pero porque el concepto musical de Rubén y el de Leiva son distintos, dentro de los cánones del rock. Rubén opta en los últimos años por letras simples y melodías extremadamente pop para mi gusto, pero por suerte sigue teniendo esa vena gamberra del Rubén que escribió Horóscopo y Margot, lo cual yo le agradezco. A unas semanas para la publicación del disco se puede decir que el primer penalti lo ha marcado Leiva. No creo que sea justo convertir estas dos carreras en una competición, no se lo merece ninguno, y ojalá Rubén tenga tanto éxito como el que está cosechando su compañero en estas semanas que le lleva de ventaja.
Con esto pongo punto y aparte a este viaje al interior de Pereza, porque espero que el punto y final de Rubén y Leiva como músicos, tanto en solitario como mano a mano, sea dentro de mucho tiempo. La mejor banda española del siglo XXI se lo merece.
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Caímos en el incendio, el mismo verano los dos
La feria reúne a los viejos colegas del 92
El alma volcada en espejos, la piel en un revolcón
A veces solo silencios, a veces como un ciclón
Y el tiempo nos juntó para luego separarnos
¿Cómo decir que no? Vamos a matarnos
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lunes, 5 de marzo de 2012
Ética y estética de Pereza (I): "traficante, rock and roll star"
Hoy quería escribir sobre una pareja de rockeros de los que no abundan en nuestro país. Dos músicos que siendo casi de última generación se adscriben perfectamente a la frase del maestro Sabina: "tan joven y tan viejo, like a rolling stone". Y es precisamente don Joaquín uno de los enamorados de esta banda, con la que contó en la grabación de su último disco. Y es que Sabina dijo una vez: "Me gusta Pereza porque es como me hubiera gustado ser a mi con veinte años".
El hecho es que Pereza está en los últimos tiempos en boca de muchos medios, pero no precisamente por su actividad como tal, sino por el despegue de sus dos miembros como músicos en solitario, algo a lo que en mi opinión estaban abocados desde hace tiempo, ya que son pocas las canciones que hayan compuesto al alimón y que cada uno ha ido desarrollando un estilo cada vez más personal, aunque bien es cierto que la voz de uno siempre contaba con la colaboración del otro a los coros o a las seis cuerdas. Fue a finales de febrero cuando llegó "Diciembre", álbum de debut en solitario de Miguel Conejo Torres, también conocido como Leiva, que hasta ahora había desplegado casi toda su carrera bajo la bandera de los Pereza y junto a su inseparable compañero Rubén Pozo Prats, cuyo disco "Lo que más" se espera para finales de este mes.
Mucha gente ha querido ver en la divergencia temporal de los Pereza el motivo de su posible separación. No es así, por suerte. De hecho hace pocas semanas estuvieron dando un bolo en la Caracol de Madrid con esa superbanda llamada Hot Legs que Rubén y Leiva tienen con Carlos Tarque. No se separan, después de esta etapa volverán a salir de gira y a tocar sus canciones juntos, seguro. Pero es cierto que quizás no vuelvan a ser los mismos, porque la evolución musical que han ido experimentando los dos a lo largo de los últimos años ha sacado a relucir las diferencias que tienen a la hora de escribir, de componer y de interpretar las canciones. Que no se me malinterprete, Rubén y Leiva se han compenetrado a la perfección desde el primer día, y han sabido aportar cada uno a las canciones que escribía el otro, como Lennon aportaba en las canciones de McCartney y viceversa. A donde quiero llegar es que, ahora que cada uno ha tenido su propio espacio de libertad y desenvolvimiento para hacer la música que cada uno siente, las características musicales y las influencias de cada uno se están exacerbando, como ya se ha podido ver en Diciembre y en el avance del disco de Rubén, el single Pegatina.
La evolución que ha seguido Pereza es compleja, ya que si bien era Leiva el principal protagonista de los últimos discos, hubo un día en que el peso de la mayor parte de la composición y de la simbólica pero importante interpretación vocal recaía sobre Rubén, que llevaba años de rodaje en los escenarios con Buenas Noches Rose. Eran los días de Horóscopo, Pompa de Jabón, Música Ligera y la mítica Pereza, que acabó dando nombre al grupo (por entonces trío, con Tuli, otro colega de la Alameda de Osuna). Y después de ese disco homónimo, genial carta de presentación, casi vintage ahora, vino Algo para cantar, momento en que Pereza dio un primer salto al mainstream y al gran público. Rubén era prácticamente el frontman de la banda, pero quiso el azar (o la llamada "industria de la música") que fueran dos temas de Leiva, aun novato, los que hicieron que Pereza apareciera en los 40 Principales y en las radios de este país, Pienso en aquella tarde y Si quieres bailamos.
Algo para cantar es un gran disco, donde Leiva se atreve con algo más de presencia y aporta buenos temas como los mencionados. Lástima que para mucha gente la primera imagen de Pereza fuera la colaboración con los estereotipos del pop moña español, David Summers y Dani Martín, en una versión de Pienso en aquella tarde que, al lado de la original, es casi una blasfemia. Un pequeño borrón en el historial que se puede comprender por la necesidad del músico de dar a conocer sus canciones, y que en cualquier caso el tiempo ha acabado por aclarar con las grandísimas colaboraciones con que han contado Rubén y Leiva. Por lo demás, en el disco hay grandes temas de la banda que con el tiempo han ido pasando más desapercibidos, como Manager o Tu Infierno, canciones que, especialmente la segunda, ojalá veamos otra vez interpretadas en directo.
Con Animales, tercer disco de la banda y el que supuso su irrupción definitiva en el panorama musical, Leiva se convierte por vez primera en la imagen de la banda. Animales es un disco de rock gamberro con grandes melodías y una genial instrumentación y producción, aunque otra vez fue el tema mas pop el elegido para sonar en la onda, la (para mi gusto) terrible Princesas. En fin, cosas del oficio. Rubén solo firma tres de los doce temas del disco, entre ellas una de las más míticas canciones de la banda, Madrid, contrapunto melódico a los riffs macarras de Leiva como Niña de Papá o Animales. Oye, y no tan macarras, como Caramelo, Todo o la legendaria Como lo tienes tú. El broche de oro a Animales lo pone un disco de colaboraciones con gigantes como Bunbury, Iván Ferreiro, Deluxe, Quique González, Sidonie, Burning y otros, en un repaso a su breve discografía.
La línea de Animales se consolida en Aproximaciones, Leiva experimenta en ese interregno una madurez musical increíble, y firma algunos temas que nada tienen que ver con el Leiva de Princesas o Si quieres bailamos. Pereza, con su estilo propio, hace apología de Beatles y Stones, y eleva sus canciones a un plano más adulto en que las letras tienen más contenido y la música influencias más definidas. Y aunque digo Pereza, el gran responsable de esa consolidación es Leiva, más prolífico como autor que Rubén, y al que la compañía de otros grandes como Quique González y César Pop acaba calando a la hora de escribir, véanse Tristeza, Beatles, Huracán, Por mi tripa, etc. Rubén en Aproximaciones pasa algo más desapercibido, si bien firma temazos como Margot y Conjunto aporta también las grises Talibán y Dímelo. Un Rubén más de extremos que deja mucho más protagonismo a Leiva pero que es capaz de explotar con grandes canciones todavía.
Habiendo catado ya Diciembre, de Leiva, se ve que el último disco de Pereza hasta la fecha, Aviones, es una especie de preparación espiritual para lo que los fans nos hemos encontrado con el debut de Leiva. Las influencias de Leiva crecen más allá de Beatles-Stones hacia Dylan, Tom Petty, Roy Orbison (Travelling Willburys en definitiva). Windsor, Violento Amor, Lady Madrid, Leones, Champagne, son joyas de Leiva en formato semiacústico donde las letras cada vez tienen más poesía, y que eclipsan totalmente la actuación de Rubén en el disco. Lo mejor del más veterano de los Pereza es el mano a mano con su inevitable compañero Leiva en la mítica Llévame al baile. Aviones es un disco de coleccionista, salvo excepciones sus canciones suenan totalmente a 1975, y es donde un tío como Leiva, llamado a dejar su nombre muy alto en la canción rock de autor en España, eso sí, en solitario, presenta sus credenciales para pertenecer al club de los artistas que admira. En solitario porque con Pereza está claro que ya ha escrito con éxito una de las páginas más relucientes de la historia del rock en español, ya que en tiempos de dudas dentro del panorama musical nacional Rubén y Leiva han sido de los mayores defensores de eso que se conoce como rock n' roll.
Hasta aquí hemos visto los antecedentes de Pereza, los hitos que les han convertido en la banda más en forma del rock español, queda pendiente para estos días el presente y, sobre todo, el futuro de los de la Alameda, que seguro que nos depara muchos buenos ratos, como siempre han hecho.
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Con este tiempo cualquiera está
en el momento, en el lugar
siempre soñamos que vuelva a pasar, y yo
que no ocurrra más.
jueves, 2 de febrero de 2012
El día de la marmota
No me prodigaré en hablar más sobre Atrapado en el Tiempo, una de las mejores comedias americanas que se recuerdan y la película que encumbró a Bill Murray como uno de los más elegantes y precisos humoristas de Hollywood. Y no me prodigaré porque, aunque el frío hace estragos, no parece haber impedido la aparición hoy, día segundo del segundo mes, de un nuevo blog que, aprovechando tan señalada fecha, despliega su "manifiesto fundacional" a partir de la metáfora latente de esta película, prometiendo ser una fuente de sabiduría cinematográfica, literaria, musical y de lo que se tercie. Lo sé de buena tinta.
Aunque sé que es difícil mantener cierta regularidad en un blog animo al autor de Posts desde el Subsuelo (http://postsdesdeelsubsuelo.blogspot.com/) a explayarse todo lo que pueda y deleitarnos con sus opiniones y su buen criterio.
Y cómo no, recomiendo al ocasional lector de este recóndito espacio de la red que se de una vuelta por este nuevo blog amigo, hoy día de la marmota, mañana o el sábado. Pero preferiblemente hoy, porque como se preguntaba Phil Connors, "¿y si no hay mañana? Hoy no lo ha habido".
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- ¿Alguna vez ha tenido un deja-vu, señora Lancaster?
- Creo que no, pero puedo preguntar en la cocina.
domingo, 29 de enero de 2012
Boxeadores
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| Ali derrotando a Foreman en Kinshasa, el combate más legendario. |
Es una pena que en nuestro país el boxeo esté tan marginado, y que todo lo que nos llegue de él sean las películas de Hollywood. Y eso que aunque nunca hemos sido una potencia en este deporte no han faltado grandes figuras que han conseguido el título de los mejores del mundo en distintas categorías, como Cecilio Lastra, el también famoso por otras cosas Pedro Carrasco o el gran lince de Parla, Javier Castillejo ("Siete veces campeón del mundo y ninguna portada del Marca", en sabias palabras de Quique González).
El mundo del cine sí que ha sabido rendir tributo al boxeo, con grandes títulos como Million Dollar Baby, Cinderella Man, Huracán Carter, Ali o una de las películas favoritas del que escribe y de las mejores de Scorsese, Toro Salvaje, que narra el ascenso al Olimpo y posterior condena al infierno de Jake LaMotta, el Toro del Bronx. Sobre la vida de este legendario boxeador (cuya interpretación en el cine le valió un Oscar a Robert de Niro) hay un fantástico artículo en Jot Down, que podéis leer aquí. Por lo visto, a sus 90 años LaMotta sigue comiendo todos los días en un restaurante italiano del East Side de Manhattan, donde cuenta sus batallitas a curiosos de toda condición, soltándoles frases como "De vez en cuando lloro sin ningún motivo, solo recordando cómo ha sido mi vida. Mucha gente no lo entenderá y otros se alegrarán. Yo les digo: quién pudiera reír como llora Jake LaMotta". Después de haber sido un héroe reconocido por todos y de haber sido despreciado por aquellos que le coronaron, solo un grande puede permitirse frases así. Jake LaMotta lo es.
Cambiando de tercio, en el mundo de la música también hay múltiples muestras de afición al boxeo. Una de las mejores canciones de Bob Dylan, Hurricane, está dedicada al mítico Rubin "Huracán" Carter, aspirante al campeonato de los pesos medios que fue injustamente acusado de un triple asesinato y encarcelado tal y como narra la canción.
Y no hace falta irse tan lejos para encontrar canciones de boxeo. En España dos grandes músicos reflejan en sus canciones su afición: Enrique Bunbury y, cómo no, Quique González. Desde la portada del Flamingos se puede intuir el gusto de Bunbury por los rings, que queda patente en El club de los imposibles, canción en que se incluye de fondo la narración de un combate, o en otro tema como El boxeador, del disco Las Consecuencias. Quique González es un grandísimo aficionado, seguidor de Daniel "la Cobra" Rasilla, como se ve en el documental Las Gafas de Mike. Son unas cuantas las canciones de Quique dedicadas a boxeadores, de hecho en un principio La Noche Americana se planteó como un disco conceptual sobre el mítico "Kid Chocolate", a quien Quique ha convertido en su álter ego. El Campeón y la propia Kid Chocolate son buenos ejemplos del idilio de Quique con los asaltos, con esas imágenes tan americanas de combates, hoteles y ciudades frías presentes en tantas canciones suyas.
Esta ha sido mi pequeña aportación al boxeo, ese arte menospreciado que por los valores que ensalza debería contar con algo más de atención en nuestro país. A la gente desde luego le gustan las canciones y las películas de boxeadores, así que ¿por qué no iba a cuajar?
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El campeón tira a dar
pero no le queda más chance.
Y en el segundo round
ya sabía que caería redondo.
Cuando se fue la luz, campeones del mundo
de sueños rotos...
sábado, 24 de diciembre de 2011
Santa Claus is coming to town
Aquí un villancico interpretado por el Jefe.
Feliz Navidad a todos!
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You better watch out
You better not cry
You better not pout
I'm telling you why
Santa Claus is coming to town
Feliz Navidad a todos!
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You better watch out
You better not cry
You better not pout
I'm telling you why
Santa Claus is coming to town
viernes, 23 de diciembre de 2011
2011, el rock sin rock
En Alta Fidelidad, Rob Fleming confiesa que su trabajo soñado habría sido ser periodista de la Rolling Stone entre el 76 y el 79, para conocer a los Clash, a los Pretenders y para ir a montones de conciertos. Por estas fechas navideñas, la revista publica sus listas de los mejores discos y canciones del año, tanto nacionales como internacionales. Si servidor, como Rob, hubiera sido periodista de la Rolling Stone habría tenido tiempo y medios para escuchar y criticar todos los discos publicados en este año funesto, pero como no lo soy tendré que limitarme a comentar lo poco que he podido escuchar. Leyendo la lista de los 20 mejores discos del año me di cuenta de que había 6 publicados por bandas de las que ni había oído hablar, y otros tantos de bandas que apenas conocía por su nombre. Del resto, predominan esos artistas que se hacen llamar independientes pero llenan La Riviera cinco noches seguidas. Ya va siendo hora de dejar de llamar independientes a esas bandas que, aparte de contar con la inestimable ayuda de Internet, tienen suculentos contratos con multinacionales y suenan en los 40 principales, pero siguen haciéndose llamar independientes, como si no les gustara vender discos ni tocar en salas grandes. El término independiente es ahora más un estilo, con ritmos a lo Blur, Strokes o Franz Ferdinand, pero no significa que el que lo interprete sea un muerto de hambre. Y con esto no digo que no me guste, como se verá debajo, es solo una cuestión terminológica. Pero estas bandas, si como algunas de ellas hacen un sonido clásico de rock y, además, llenan estadios, deberían perder el miedo a que les llamen estrellas de rock. De las 20 bandas de la lista, solo Extremoduro (por derecho), Marea (por analogía) y, a medias, Los Secretos (por pasado), serían capaces de reconocerse como bandas de rock. O quizás me equivoque, porque como he dicho antes apenas conozco a media lista.
Esto en el plano nacional, porque en el internacional me voy a tener que abstener de entrar en materia por total desconocimiento. Le tengo bastante manía a Foo Fighters, no he oído el nuevo de Arctic Monkeys, y en cuanto a Coldplay... pensé que tardarían más años en palmar, como palmaron U2. De los otros 17 discos de la lista solo me sonaba el del rancio de Noel Gallagher, que tampoco he oído.
La primera conclusión que he sacado es que, en este 2011, los grandes de siempre se han vendido, están viviendo de las rentas o, como Gary Moore, han pasado a mejor vida. Ya lo dijo Quique González, "nuestros ídolos estaban muertos o intentando volver a empezar".
De manera que me veo obligado a comentar lo que me ha parecido mejor (y peor) de este año en el suelo patrio. Vista la situación, las categorías son Discos, Canciones, Giras y Decepciones.
> Discos
1 · Cualquiera que haya echado un vistazo a las entradas anteriores de este blog sabrá que este año he descubierto una banda catalana que me ha sorprendido, Manel. El mejor disco español del año es, para mi gusto, 10 milles per veure una bona armadura. Es rock n' roll sin llegar a serlo realmente del todo, cantan en catalán y probablemente son del Barça, pero entonces ¿por qué Manel? Aquí la respuesta. Para no quedarme solo con mi favorito, two more for the road:
2 · El Fluido García, de Sidonie. Es psicodélico, suena a David Bowie, a T-Rex, a esas canciones en que los Beatles, colgados de LSD, se ponían a tocar el sitar con Ravi Shankar. Probablemente Sidonie haya encontrado su inspiración también en el LSD, y mientras siga saliéndoles así de bien, por mi que sigan haciéndolo. Sidonie, a pesar de ser minoritarios, es una banda que no renuncia a clasificarse como rockera, así que bravo por ellos.
3 · Y para acabar con los discos, aunque no he podido estudiármelo en profundidad, Material Defectuoso de Extremoduro no pinta nada mal. Le han cogido el gusto a las canciones de 8 minutos, sinfónicas y melódicas, y sin abandonar su estilo incorporan nuevos ritmos de otros estilos. Las letras, como siempre, bestiales e insuperables ("Deja que te diga nena que lo nuestro no es equitativo, todas las noches que estoy contigo tú eres quien come, yo soy comido" del Tango suicida).
> Canciones
En cuanto a temas concretos voy a hacer otro podio, y pido disculpas por repetir a dos de las bandas anteriores en este apartado, pero el material es el que hay:
1 · Puta vida, de Supersubmarina. Esta banda ha sido, junto a Manel, mi otro gran descubrimiento de este año. Son la banda joven, enérgica y guitarrera que necesitaba el rock español, indies, sí, pero ni tan moñas como Vetusta Morla ni tan electrónicos como Love of Lesbian. Esta canción es del EP que han publicado este año, Realimentación, donde también aparece otro tema que podría estar en esta lista, Kevin McAlister.
2 · El aullido, de Sidonie. Nunca pensé que una canción tan electrónica y con tantos sintetizadores llegara a gustarme tanto, pero El Aullido es sencillamente espectacular. Reitero la influencia del LSD en el último disco de Sidonie.
3 · Benvolgut, de Manel. Es una canción surrealista, aunque no tanto como las de Sidonie. Rápida y melódica, con una genial instrumentación. El vídeo, también surrealista.
> Giras
En esta campo gana el de siempre. Quique González, en su tour interminable, ha encadenado este año dos de las mejores giras que se le recuerdan. Por un lado, el final de la gira del Daiquiri Blues, con final apoteósico en las tres noches seguidas que llenó en el Florida Park de Madrid. Por otro, la gira Desbandados, acústica y con la sola compañía de Jacob al contrabajo. Porque este año no ha sacado disco, que si no este post iba a ser monotemático.
He ido a otros buenos conciertos este año, como el que regaló Loquillo en la Elipa, que volviendo a sus orígenes de barrio tocó en unas fiestas de barrio y se sintió más como siempre que nunca. Manel son impecables en directo y Ariel Rot me decepcionó mucho sin su guitarra eléctrica.
Mención especial para el primer y, hasta la fecha, último concierto de Plan Sónico en la Sala Level, con un repertorio propio de pop-rock potente y versiones de clásicos del rock en español y en inglés. Hasta aquí la autopromoción.
> Decepciones
Mi principal decepción ha sido la ausencia de grandes discos de los grandes artistas de siempre este año, pero les concederemos el beneficio de la duda y esperaremos que lo nuevo de Springsteen sea tan bueno como siempre.
Es cierto que no me esperaba mucho del último disco de Loquillo, Su nombre era el de todas las mujeres, con poemas de Luis Alberto de Cuenca, pero no que me aburriera tanto. A Loquillo se le perdona, siempre sabe volver, como los grandes.
En mi hambre mando yo, el último disco de Marea, no se puede decir que sea malo, pero es una continuación vacía del estilo de los anteriores. Con riffs y letras idénticas a sus otros discos, aquí ni siquiera cuentan con canciones que en Las aceras están llenas de piojos rompían con la tentación de la monotonía (Aceitunero, Petenera, Los mismos clavos, etc.). Los mismos recursos guitarreros de siempre y las mismas letras sobre poligoneros, putas y gitanos. Como sigan así no necesitaremos ni comprarnos los próximos discos, presumiblemente tratarán sobre jornaleros, telarañas y tractores verdes. Tienen una oportunidad de redimirse el día 30 en el Palacio de los Deportes. Allí estaremos.
En fin, acaba así este 2011, donde parece que la crisis ha trascendido hasta a la música, y los buenos grupos de siempre están desaparecidos mientras solo unos pocos intentan mantener izado el pabellón. Viene ahora un año para que el rock vuelva a encontrarse a sí mismo. Discos y giras de Springsteen, Serrat-Sabina, Rubén Pozo, Leiva, ¿Quique González? ¿Rolling Stones? Los grandes siempre dosifican, pero siempre vuelven.
PS: espero volver estos días por Billete de Vuelta para hablar algo más de este año que termina, pues no todo en el mundo es música. En cualquier caso, feliz Navidad al lector esporádico de estas líneas. Y gracias.
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Hip! Hip! Por los buenos tiempos
Hurra! Por lo que vendrá
Nuestros ídolos estaban muertos
O intentando volver a empezar
martes, 13 de diciembre de 2011
Barcelona, ciudad y prodigios
Hay una cosa que no se perdona el autor de este blog, madrileño circunstancial de raíces andaluzas, y es no haber estado nunca en Barcelona. Y es Barcelona ciudad de abolengo, ciudad eterna y mágica, capaz de atraer a quien nunca ha estado allí con su embrujo eterno. Esta atracción, esta fuerza gravitatoria la ejerce la ciudad a través de quien se atreve a cantarla, a pintarla, a escribirla, a dejar de amarla en secreto para mostrar al mundo sus brillos y, también, sus sombras. Desde luego conmigo lo ha conseguido.
Podría escribir durante durante días sobre el tremendo influjo de canciones y versos que me han transportado a Barcelona en los últimos tiempos (ya hice una pequeña aproximación hace no mucho), pero hay un libro que resume en sus páginas todo este cúmulo de manifestaciones literarias, musicales, etc. Se trata de La Ciudad de los Prodigios, de Eduardo Mendoza. Barcelona es su protagonista última, aunque sus momentos de grandeza y de penuria vienen reflejados en la persona de Onofre Bouvila, el campesino que de repartir panfletos anarquistas en el recinto de la Esposición Universal pasó a coronarse como rey de los bajos fondos, y más tarde a engarzar su corona con los diamantes del éxito durante su carrera hacia el total dominio político, económico y social de la ciudad. La novela transcurre entre las dos Exposiciones Universales que ha tenido Barcelona, en 1888 y 1929, años durante los cuales la ciudad fue capaz de reinventarse innumerables veces en sus ansias de progreso. La ciudad vieja de antes del primero de los dos certámenes, con sus calles antiguas donde comerciaban pescadores, panaderos y plateros, de donde salían hacia América jóvenes e ilusos padres de destino incierto, comienza a experimentar los pálpitos de la revolución, y los edificios crecen, a lo alto y a lo ancho, por toda la ciudad, que poco a poco se enseñorea de los pueblos entre el Besòs y el Llobregat. Gentes de todas partes llegan a las fábricas de Barcelona, cuyos despachos ocupan los nuevos burgueses que, con la puesta de sol, se visten de gala para ir al Liceo y escuchar ópera, como harían las mejores familias de París y Londres, pensaban ellos. Los anhelos, esperanzas y tropiezos de Bouvila son imagen del camino tortuoso que sigue Barcelona hacia su porvenir, a veces luminoso, a veces gris como una tempestad. Con todo, después de los mayores fracasos, Barcelona siempre busca la esperanza en el horizonte, y ese el el mayor de los prodigios de la ciudad.
Ahora me he lanzado a por otra novela barcelonesa, Mariona Rebull, de Ignacio Agustí, porque Barcelona atrapa sin remedio. Atrapa de una manera que describe de una manera genial mi amigo Juan López Fernández-Sordo en su blog Una chaqueta azul y una corbata a juego. Todo el blog es magnífico, poesía, y lo recomiendo vivamente al ocasional lector de estas líneas, pero quiero destacar las palabras que le dedicó a la ciudad de los prodigios, en la que vive. El sugerente nombre de la entrada es Me he enamorado de ti, y dice así:
Lo reconozco, no pensé que me llegara a pasar, pero me gustas. Me gustan tus andares, tus paseos. Me encanta como pasas tu mano por mi pelo. Disfruto viéndote bostezar cuando te despiertas temprano, a mi lado. Me derrito por tus besos en las esquinas. Lo que más me gusta es mirar mientras te bañas en el mar. ¡Y cómo te arreglas cada mañana! Cuando rompe el amanecer, te peinas, te pintas.
¿Por qué? Me gustas porque eres presumida, por tu postura orgullosa cuando la noche nos descubre a solas. Eres coqueta, te gusta que te miren, que te admiren. Me gusta como hueles, esa mezcla de brisa marina con flores recién cortadas en primavera. Me hechizan tus palabras, me embruja tu sonrisa. Y tu inocencia, y tus susurros dichos suavemente al oído. Me gustas.
Tus ojos; tu mirada, quebrada, rota como el alma de los desolados. Tu voz, grave, suave, eterna, silenciosa. Tus carcajadas, tu gente amable, envidiable, su idioma, tu familia.
Eres famosa, eres guapa, eres bella. Tienes rasgos europeos, espíritu africano, y una enorme personalidad. Hermosa, preciosa. ¿Te encuentro algún defecto? Probable. Pero, ¿y qué si no eres perfecta? Adoro tus faltas, tus errores, son tuyos.
Mi amante secreta, mi amor prohibido. La reina de las noches en vela, el eterno gusto del placer por fin vivido. Eres niña, niña añeja, que sabe a experiencia, pero que aún eres crédula. Tienes mi misma edad, pero la madurez de una octogenaria.
Aristócrata, de buena cuna, de familia bien. Pero eres humana, sencilla, humilde. Me gustas, porque eres de ciudad, cosmopolita, casi capital; pero de sangre rústica, de vida rural, de aire de pueblo. Me gustas, no lo puedo negar, ni evitar. Me he enamorado de ti, Barcelona.
Creo que no se puede expresar mejor.
Me gusta terminar las entradas de este blog con canciones. Gracias a esta sé, sin haber estado nunca allí, que el sitio desde donde más me gusta ver Barcelona es sentado en algún banco del Tibidabo, donde cuenta la tradición que Jesucristo contempló todos los reinos del mundo, con el mar tranquilo detrás de la ciudad, perdiéndose en el horizonte, y el sol poniéndose por la montaña.
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Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac, segunda mano,
junto al Mervellé y a mis pies mi ciudad.
Y hace un momento que me ha dejado
aquí en la ladera del Tibidabo
la última rubia que vino a probar el asiento de atrás...
Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti.
Y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.
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