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sábado, 12 de julio de 2014

Before rock's just part of the past

El rock, la música de nuestra vida, está en vías de extinción, al menos tal y como lo conocíamos. Hace unos años, creo que después de la muerte de George Harrison (o quizás fue la de Johnny Ramone), ese abyecto animal llamado el Sevilla pronunció una frase simpática y llena de cariño en un insólito arrebato de lucidez: "Beatles 2 - Ramones 3". Hoy ha terminado ese partido y los de Nueva York han ganado 4-2, ya que con la muerte de Tommy desaparece el último superviviente de la formación original de la banda. Es cierto que hubo unos cuantos Ramones más que se fueron sustituyendo unos a otros antes de la muerte definitiva del grupo en los noventa (al finado Tommy le reemplazó Marky en el 78), pero en lo que a su más mítica plantilla se refiere, la de Blitzkrieg Bop, la del CBGB y la foto delante de un muro de ladrillos del Village, la de los nombres que rodean el águila que mira la rama de olivo (así está en tiempos de paz, en tiempos de guerra miraría al bate o, en su caso, a las flechas), se puede decir que hoy, 12 de julio del año 2014 de nuestra era, los Ramones se han extinguido. Muchas leyendas del rock han abandonado el edificio desde que un día se estrellara el avión de Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, pero si no me equivoco los Ramones son la primera de las más grandes bandas del rock que desaparecen por completo (creo que algún Lynyrd Skynyrd sigue dando bolos por ahí; y Big Star están al límite, muertos sus tres miembros clave (Chilton-Bell-Hummel) queda solo Jody Stephens, el batería original).
Qué grandes eran, joder, y aunque ninguno de ellos fuera un prodigio en su instrumento fueron cruciales para la música: anticiparon el punk, hicieron melodías míticas solo con tres acordes de quintas, recuperaron las chaquetas de cuero y patentaron el ¡one, two, three, four! como señal de inicio cuando aún no se había apagado del todo la última nota de la canción anterior. Dominaron, más de lo que nadie dominará nunca, el noble y sagrado arte de la canción de dos minutos y medio, por eso sus conciertos tenían entre treinta y cuarenta canciones, ¡nada menos! De hecho, el Loco Live (grabado en Barcelona) es el único disco que ha sido capaz de doblegar a mi minicadena, incapaz de reproducirlo por tener demasiadas pistas (unas 35).
Los Ramones ya son solo su legado, su historia, nostalgia pura. Tristemente, empieza el fin de la época clásica de las bandas de rock. Vaya año que llevamos (y en concreto vaya semana, Di Stéfano y el último Ramone en apenas cinco días; sic transit gloria mundis).
Allá va mi top de los Ramones, que a las leyendas del rock hay que despedirlas con rock:

1. Do you remember rock and roll radio.
2. The KKK took my baby away.
3. I wanna be sedated.
4. Blitzkrieg bop.
5. I wanna be your boyfriend.
6. Havana affair.
7. Judy is a punk.
8. Today your love, tomorrow the world.
9. Beat on the brat.
10. 53rd and 3rd.

Bonus track: Tom Waits - The return of Jackie and Judy. De ese memorable disco de tributo a los Ramones llamado We are a happy family. Qué grande hay que haber sido para que te versionen en un mismo disco Waits, U2, Metallica, RHCP o Kiss.

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Do you remember Hullabaloo,
Upbeat, Shinding and Ed Sullivan too?
Do you remember rock'n'roll radio?
Do you remember rock'n'roll radio?
Will you remember Jerry Lee,
John Lennon, T. Rex and OI Moulty?
It's the end, the end of the 70's
It's the end, the end of the century

Do you remember lying in bed
With your covers pulled up over your head?
Radio playin' so no one can see
We need change, and we need it fast
Before rock's just part of the past
'Cause lately it all sounds the same to me
Oh oh oh oh, oh oh


Rock n', rock and roll, radio, let's go!
Rock n', rock and roll, radio, let's go!

- This is rock and roll radio. Stay tuned for more rock and roll.

domingo, 27 de octubre de 2013

Lou Reed y el lado salvaje


En el extinto blog Howlin' at the moon (todavía se puede encontrar a la cola de la lista de blogs que encontrarán a su derecha), mi hermano solía escribir una sección llamada Un muerto para el fin de semana, en la que repasaba la trayectoria de grandes figuras de la música que habían pasado a mejor vida. Este fin de semana trae la triste noticia de la muerte de Lou Reed, quien seguramente tendría un rincón privilegiado en esta sección. Ha ocurrido a los 71 años, meses después de un trasplante de hígado.

Yo a Lou Reed le conocí antes de tener uso de razón por Sweet Jane, que a día de hoy sigue pareciéndome de las mejores canciones que se han compuesto nunca. Con el paso del tiempo muchas más canciones de la Velvet Underground y de Reed en solitario han acabado formando parte de mi propia banda sonora vital, como lo han hecho las de Springsteen, las de los Beatles o las de los Stones. Lo más grande de Lou Reed es que, siendo uno de los personajes más excesivos del rock, conservara esa sensibilidad tan desbordante para escribir canciones de tan extrema belleza. Fue uno de los pocos grandes rockeros que se matriculó en la universidad, y lo mismo se sumergía en interminables bacanales llenas de drogas psicodélicas en la Factory neoyorquina que escribía melodías tan delicadas y hermosas como Perfect Day.


Lou Reed nació en Brooklyn y se crió en Long Island, en la época en que en Manhattan iba germinando la depravada hostilidad que vivió Holden Caulfield en El Guardián entre el Centeno, y de la que el propio Reed acabaría formando parte en los que fueron los años más ácidos y lisérgicos de Nueva York. Fue en los 60 cuando Reed llegó a la gran ciudad y formó con John Cale la Velvet Underground, patrocinada por Andy Warhol. Nueva York era esos años la ciudad peligrosa, bulliciosa y decadente de Taxi Driver, llena de dealers, putas y paranoicos, y en ese contexto la Velvet se convirtió en una de las bandas más influyentes del rock. Más tarde Lou se fue a Europa, y junto a David Bowie inventó el glam y anticipó el punk. Transformer, de 1972, sigue siendo considerado básico por músicos de casi cualquier estilo. Sin Lou Reed no habrían existido o habrían sido cosas muy distintas Big Star, los Sex Pistols, los Ramones o los Clash, y probablemente nunca habría florecido todo eso que ahora se hace llamar indie o underground.


Hace años leí en un libro del periodista Julián Ruiz una anécdota de la primera vez que Lou Reed vino a tocar a España, a principios de los setenta, con Franco todavía vivo. Ruiz pidió una entrevista, pero Reed le acogió en su camerino como a un amigo, le pidió opinión sobre alguna nueva composición y le presentó a su pareja, un travesti puertorriqueño llamado Rachel. La entrevista tuvo que ser interrumpida porque Lou Reed y pareja necesitaban urgentemente unas jeringuillas nuevas, por lo que todos se fueron a buscar como locos una farmacia de guardia por la calle Princesa. En un Madrid en que los grises seguían dominando las calles, un periodista musical buscaba la manera de satisfacer la drogadicción de un músico neoyorquino y un travesti caribeño. Con todo, Lou Reed se acabó reformando y abandonó su etapa de excesos con las drogas, a la que tuvo la suerte de sobrevivir. El propio Julián Ruiz cuenta que durante las últimas décadas Reed no iba a hoteles que no dispusieran de un buen gimnasio.


Esta muerte es muy simbólica, al menos así lo percibo yo, porque, de las más grandes figuras del rock de los 60-70 que sobrevivieron a su apogeo musical y vital, Lou Reed es de los primeros en morir, uniéndose a una lista que se escribe con letras eternas y de la que ya formaba parte George Harrison. Se trata de una generación de artistas que consiguieron terminar sanos y salvos su paseo por el lado salvaje de la vida y que nos regalan una plácida vejez para seguir disfrutando de su música. Ha muerto Lou Reed y yo voy a pinchar el Loaded porque no se me ocurre mejor manera de despedirle y, ya de paso, despistar un rato la tristeza y los problemas mientras escucho Sweet Jane.

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Standing on the corner,
Suitcase in my hand
Jack is in his corset, and Jane is her vest,
And me I'm in a rock'n'roll band.
Ridin' in a Stutz Bear Cat, Jim
You know, those were different times!
Oh, all the poets they studied rules of verse
And those ladies, they rolled their eyes

Sweet Jane! Whoa! 

Sweet Jane, oh-oh-a! 
Sweet Jane!

domingo, 24 de febrero de 2013

Anything that's rock and roll


El viernes se anunciaba en la Penélope un tributo a Tom Petty, allí nos plantamos. Los allí congregados, que no superaban el centenar de personas, debían de ser la suma de los colegas y familiares de los músicos y algún incondicional fetichista del viejo Tom (personajes estos últimos que yo cifro en unos cinco o seis en el área metropolitana de Madrid, ataviados todos ellos con sombrero tejano y el collar de calavera). Completábamos la reunión algunos pocos nostálgicos que supimos del concierto por las redes socialistas, lo suficientemente frikis como para asistir pero no lo bastante como para no tener que pagar entrada. El público es al que yo imagino incondicional de este tipo de eventos, lo mismo de un homenaje a Antonio Vega en Clamores que de un tributo a Radio Futura en Galileo. Que si Álvaro Urquijo por aquí, que si Rafa el del Jazzville por allá... vamos, el circuito madrileño de supervivientes de los ochenta.

De la banda brilló, y mucho, el ínclito Ramón Arroyo de los Secretos, mostrando una soltura tremenda con los temas de Petty. La otra figura que yo conocía era el batería Toni Jurado, si un tiempo Taxidriver y escudero de Quique González, ahora de la banda de Rebeca Jiménez. Un terremoto a los tambores, siempre con las gafas de Mike puestas (en la canción él era Johnny), Toni Jurado se merece todos mis respetos por haber marcado el ritmo en unas cuantas de mis canciones favoritas. Por resumir, los que en el concierto tenían el rol de los Heartbreakers no solo cumplieron con su parte, sino que demostraron una solidez enorme interpretando temas ajenos. Fue el que debía hacer de Tom Petty el que flojeó, un cantante fondón que, atril con las chuletas en ristre, intentó defenderse como pudo en el repertorio del de Gainesville. Pero vaya, una noche de rock en Madrid es una noche de rock en Madrid y... ¡joder! ¡si es que las tocaron todas! The Waiting, Learning to fly, Refugee, Breakdown, Into the great wide open, Handle with care de los Travelling Willburys y hasta se atrevió Álvaro Urquijo con Don't do me like that, quizás la mejor de la noche. Canciones de Tom Petty y minis de cerveza; noches de rock en Madrid, benditas sean.

PS: Volveré pronto, que hay mucha Delantera Mítica de la que hablar.
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Some friends of mine and me stayed up all through the night
Rockin' pretty steady till the sky went light
And I didn't go to bed, I didn't go to work
I picked up the telephone, told the boss he was a jerk

So c'mon baby let's go
Dom't you hear the rock and roll playin' on the radio
Sounds so right, girl you better grab hold
Everybody's got to know
Anything that's rock and roll's fine
Anything that's rock and roll's fine

viernes, 21 de diciembre de 2012

Canciones para el fin del mundo

A esta hora del viernes 21 de diciembre del 2012 estoy vivo pero, según cierta civilización  mesoamericana de hace milenios, el Apocalipsis tendrá lugar dentro de algunas horas, y con él nos llegará a los humanos la hora de morir irremediablemente. No voy a poner en duda los cálculos que hace unos cuantos siglos realizaron unos señores en taparrabos que, por lo visto, desconocían artilugios tan avanzados y futuristas como la rueda, así que me hundo en la resignación y me dispongo a pasar una de las tres horas que le quedan al planeta hablando de música. He pensado que, ya que dicen que esta noche vamos a ser asolados por cataclismos meteóricos, terremotos infernales y olas gigantes, al menos que tengamos el alma preparada gracias a la música. Con este post pretendo preparar al lector para el inexorable final de las civilizaciones con una lista de canciones sobre esta temática. En general, cualquier canción sobre el fin del mundo, la destrucción masiva o el juicio final era susceptible de entrar, pero por cuestión de gustos y de prejuicios la lista es la que es. Por otra parte, en un blog amigo como es Posts desde el Subsuelo se acaba de confeccionar un post similar pero estrictamente cinematográfico, para que luego digan que no tienen música ni películas que elegir. Dejo al final del post la lista en Spotify y, sin más preámbulos, entremos en materia. Como decía Sabina, que el fin del mundo nos pille bailando.

1. It's the end of the world as we know it, R.E.M.



Quizás sea una evidencia, pero una lista así tiene que ser abierta con esta canción. Habla de terremotos y huracanes, y Michael Stype acepta estoicamente el ocaso de sus días diciendo It's the end of the world as we know it, and I feel fine; es el fin del mundo tal y como lo conocemos y yo me siento bien.

2. Lonesome day, Bruce Springsteen.



Esta canción fue escrita por el Jefe a raíz de los atentados del 11-S en Nueva York. Su temática no puede ser más desoladora, "un sol oscuro saliendo, la tormenta arrasará..." y demás alegorías sobre la muerte; temazo potente de rock de estadio para plantarle cara.

3. Until the end of the world, U2.


Una canción mítica del que probablemente es el mejor disco de U2, Achtung Baby, a partir del cual se convirtieron en el producto de todo a cien que son hoy. Until the end of the world es de lo mejor del disco, con guitarrazos enérgicos y un solo memorable de The Edge. Seguimos preparando el fin del mundo con rock.

4. (I'll love you) till the end of the world, Nick Cave & the Bad Seeds.


También hay hueco para canciones de amor en esta lista, como esta de Nick Cave en la que le promete su chica amor incondicional hasta que llegue el fin, así que no le queda mucho. Gran canción para despedirse.

5. Dance me to the end of love, Leonard Cohen.


Digo yo que si se acaba la vida en el mundo también se acabará el amor, es ahí donde cobra sentido el título de esta canción del señor Cohen, báilame hasta el final del amor. Con Dance me ponemos fin a esta pequeña dosis de sentimentalismo para despedirse de las mujeres, y volvemos a la destrucción del planeta Tierra.

6. A hard rain's a-gonna fall, Bob Dylan.


Para contextualizar, esta canción fue escrita por Dylan en plena crisis de los misiles, con decenas de cabezas nucleares soviéticas plantadas en Cuba y apuntando directas a la Casa Blanca. "A hard rain's a-gonna fall means something is gonna happen" dice el propio Bob al principio la versión en directo, refiriéndose al holocausto nuclear al que parecía condenado el mundo occidental. No hubo holocausto, pero nos quedó esta memorable canción.

7. The Man comes around, Johnny Cash.


Seguimos la lista con una canción del hombre de negro que hace referencia clara al día del Juicio Final y a la segunda venida de Jesucristo, "there's a man going around taking names and hedecides who to free and who to blame, everybody won't be treated the same, there'll be a golden ladder reaching down when the Man comes around". Durante sus últimos años Johnny Cash se prodigó en cantar canciones sobre la muerte (Hurt, God's gonna cut you down...), pero en esta no se refería solo a la suya, sino a la de todos los hombres.

8. Bad moon rising, Creedence Clearwater Revival.


Habla aquí John Fogerty del destino fatal que les espera a los que salgan a la calle una noche como la de hoy: "don't go around tonight, it's a bound to take your life, there's a bad moon on the rise". Canciones apocalípticas pero de buen rollo, como debe ser.

9. When the word ends, Dave Matthews Band.


Salto de algunas décadas hasta los 90, cuando la Dave Matthews Band publicó su disco Everyday. When the world ends, rock suave en otra canción más sobre el final.

10. London calling, The Clash.


El Apocalipsis va por barrios, y en esta canción es a los londinenses a los que les toca escuchar las trompetas de Jericó. En London Calling habla Joe Strummer de catástrofes nucleares y glaciaciones letales que tendrán las orillas del Támesis como epicentro.

11. Revelations, Iron Maiden.


Durante años, servidor fue a una escuela de rock en la que le instruían sobre las grandes bandas del género, desde los Beatles hasta Black Sabbath. Allí conocí esta brutal Revelations que, para quien no lo sepa, significa Apocalipsis en inglés, ya que este libro de la Biblia se conoce también como el de las Revelaciones. Una concesión al heavy de Iron Maiden para la lista, ya que no podía faltar la banda que más ha cultivado el rock apocalíptico.

12. The end of the world, The Cure.
Esta es otra banda que, por estética, tiene pinta de ser docta en el asunto de la muerte y el final de los tiempos. Nunca he sido muy aficionado a The Cure, pero hay que reconocerles grandes temas como Friday I'm in love, Boys don't cry o esta The end of the world.

13. The man who sold the world, David Bowie.



Otro que probablemente tenga un pacto con los mayas es David Bowie, el pelirrojo con un ojo de cada color, experto en canciones sobre alienígenas, viajes espaciales y arañas invasoras. Aquí dejo The man who sold the world, el hombre que vendió al mundo, que más tarde hizo extra-famosa Kurt Cobain.

14. Sympathy for the Devil, The Rolling Stones.


No podían faltar los Stones, los embajadores del satanismo en la Tierra, que probablemente estén esperando a que llegue el fin del mundo para reencontrarse con su viejo colega el Diablo, interpretado magníficamente por Harvey Keitel, para mostrarle sus simpatías.

15. The end, The Doors.


La canción definitiva sobre el final de los finales. Quién no recuerda la escena inicial de Apocalypse Now, en que un palmeral vietnamita es asolado por napalm norteamericano mientras suena esta canción. "This is the end, my only friend, the end". Y con The end, llega también esta lista a su fin. Como diría Desmond Hume en Lost, see you in another life brother.



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This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend
The end of our elaborate plans
The end of everything that stands, the end

No safety or surprise, the end
I'll never look into your eyes again

jueves, 13 de diciembre de 2012

Radio City



Hoy he vuelto a Radio City, uno de esos rincones de los que quedan pocos en Madrid. Sita en la Plaza de la Guardia de Corps, en la Malasaña occidental, Radio City es una de esas tiendas de rock-and-roll-actitud donde se respira música en vez de prisa, que es lo que se respira en las grandes superficies. La tienda, modesta donde las haya, cobija en sus 10 metros cuadrados un repertorio de discos que, de tan exquisito, desborda todo conocimiento musical que cualquier melómano hubiera anhelado nunca.

Iba yo a Radio City con la intención de liquidar los perentorios regalos de Navidad y para recoger un disco encargado que Spotify ya me ha vetado de tanto darle al play, por lo que ya iba siendo hora de hacerse con él. Se trata del Third / Sister Lovers de Big Star, la menos reconocida de las grandes bandas de la historia, al menos en un país de bisbales y sergioramos como el nuestro. Y con "grandes" hablo de las diez más grandes, perdonen la osadía, por entidad y por la grandísima influencia sobre bandas posteriores como REM, Jayhawks o Wilco (Kangaroo, de 1978, es la cosa más parecida a Wilco que yo conozca, y veinte años antes de Wilco). Big Star es el punto donde se conectan los sonidos de los Beatles, los Stones, la Velvet Underground y la Creedence, sintetizando en sus discos guitarrazos de rock clásico, country suave y hasta algún matiz de psicodelia experimental, con protagonismo siempre de la melodía, que tanto cultivó su líder y principal vocalista, el inconmensurable Alex Chilton. Big Star sacaron tres discos en los 70, antes de separarse para los siguientes lustros, #1 Record, Radio City (¡eh, como la tienda!) y el ya referido Third.  De Radio City, que pasa por ser uno de mis discos favoritos, es de lo que yo quería hablar. Es difícil encontrar mayor concentración de temazos en un disco, entre ellos varios de los mayores éxitos de la banda, como Back of a Car, Life is White, Way Out West o, über alles, September Gurls. Disco imprescindible Radio City, emblema del denominado power pop y seguramente uno de los mejores trabajos de la historia del rock.


Hago desde aquí un llamamiento a la humanidad para que haga apología de las tiendas de discos pequeñas -God save little shops-, por un mundo con una Radio City donde te puedas comprar el Radio City (sospecho que en El Corte Inglés nunca ha estado en stock). Tiendas con torres de vinilos apilados, como la de Rob en Alta Fidelidad, que luchan por sobrevivir a las demandas de la masa que llena los conciertos del Pablo Alborán ese. Tiendas en las que te pueda pasar lo que a mi hoy en Radio City: estar buceando en la colección de folk sesentero y que aparezca el maestro Andrés Calamaro, malasañero insigne del Plata, dispuesto a cogerte del brazo y agradecerte que le pidas una foto. Id a Radio City amigos, que por cierto se muda para año nuevo unos metros más allá, a la calle Conde Duque. Id a Radio City porque, mientras existan en Madrid tiendas así, la música tendrá un buen refugio donde resguardarse de la tormenta.

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Lo esconden de las luces y los focos,
lo mezclan con reclamos comerciales,
lo repudian como a un virus contagioso,
pero vuelve a perderse por los bares.

Pero no olvides, no traiciones
lo que siempre te ha hecho vivir.
No olvides, no traiciones
lo que llevas muy dentro de ti,
porque no muere jamás 
tu rock and roll actitud.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Tan joven y tan viejo


Hace unas semanas me dio por escribir sobre los grandes jugadores que han lucido el dorsal número 14 sobre un campo de fútbol. Me faltaba uno por una cuestión puramente iconográfica, Esteban Granero, 14 de corazón, de hechura y de definición lucía el triste 11 en el Real Madrid, ya que es Xabi Alonso, el padrino del Pirata, quien velará por ese doble dígito hasta que venga un digno sucesor. Pues bien, gana el Madrí la Supercopa y Granero, harto de que desfilen ante él Oziles, Modrics y Essienes coge la puerta y se va. Con un par. Y como no puede ser de otra manera será el 14 de su nuevo equipo, el Queens Park Rangers. Y no queda ahí la cosa, resulta que el día de su debut en Loftus Road, tras empatar el QPR contra el Chelsea de otro rocker madridista como Juan Mata, aparece en el twitter de Leiva (sí, Leiva el de Leiva) esta foto:


Porque a veces, en Londres, sucede que las estrellas se alinean para formar una constelación radiante y luminosa como la que más. No eran Lennon, Richards y Clapton los que se reunieron en Picadilly, eran Granero, Leiva y Quique González los que aprovecharon la ocasión para celebrar la comunión eterna entre rock y fútbol. Ya lo dije en otra ocasión anterior, Granero es rock. Me vi tentado de escribir sobre él cuando apareció entrevistado en la portada de Jot Down, un reportaje en el que el protagonista menciona a Brahms, Kubrick, Coppola, Carver, Salinger, Kafka, Lucinda Williams, Wilco, Quique González y Leiva, por lo que no puede no puede decepcionar. Como aguanté el impulso entonces, reproduzco ahora su respuesta cuando le preguntan cuál le gustaría que fuera la última canción que oiría antes de morir: "si no tuviera escapatoria... me pondría a Quique González, una canción que no está editada todavía, estará el año que viene, él aún no tiene claro el nombre... pero no puedo decir de qué va... ¡Voy a cambiar de canción! Pondría Tan joven y tan viejo de Sabina". Ídolo, like a rolling stone. Porque él, tan joven como es, es tan viejo que no podría haber cogido otra canción, tan generacional, tan autobiográfica para los melancólicos. Incluso se permite lanzar un guiño al próximo disco del Kid. Precisamente es Sabina quien, junto a Serrat, compadrea con (genuflexión) José Tomás en la misma medida en que lo venera. Los buques insignia de una generación de cantautores rendidos al arte de un torero. Leiva y Quique, generación heredera de la de Sabina, apadrinan a otro torero como el Pirata en su dimensión artística, que no es pequeña. 
Una vez apareció Granero por el palco de Canal+ en San Isidro, y entrevistado por el futbolero-taurino Juan Carlos Sánchez se confesó como aficionado a los toros y descendiente de toreros. Pues bien, leía hace poco en el anecdotario de Rubén Amón No puede ser y además es imposible sobre un matador, virtuoso del violín, que al final se decantó por dejar la música en favor de la sangre de los toros. Se llamaba Manuel Granero. ¿Será su bisabuelo? Como soy una persona que a veces se permite creer en algunas cosas sin fundamento ninguno, voy a creer que sí, que lo es, y que parte del arte y la sensibilidad del Pirata, Juan Belmonte de la Premier y Jim Hawkins de los Rangers, se deben a que pertenece a esa casta férrea y eterna de seres sobrehumanos que son los matadores de toros. 
Triste, porque se va el más madridista de los pocos madridistas que quedaban en el Madrid. Pero contento, porque el mismo día en que José Tomás, entre poetas, premios Nobel y la crema de la cultura, firmó la mayor epopeya nunca vista en una plaza de toros, Esteban Granero salía, con el 14 en la espalda, por la puerta grande de Loftus Road, vigilado desde la grada por los poetas de su generación, de la contracultura como él, en la ciudad de la contracultura de los Stones y de los Clash.


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Así que de momento nada de adiós, muchachos
Me duermo en los entierros de mi generación
Cada noche me invento, todavía me emborracho
Tan joven y tan viejo, like a rolling stone


miércoles, 20 de junio de 2012

De lo divino y lo épico



La noche del 17 al 18 de junio de 2012 será eternamente recordada por casi 60.000 personas que abarrotaron el estadio de Don Santiago Bernabéu, porque ante todas ellas se fraguó un espectáculo de dimensiones estratosféricas que sorprendió a todos, más aun si cabe cuando el protagonista era el rey de los espectáculos de dimensiones estratosféricas. Bruce Springsteen regaló a Madrid el concierto más largo de su carrera, con 3 horas y 48 minutos de rock y un sinfín de emociones. Probablemente haya dado conciertos técnicamente mejores o más especiales en su dilatada trayectoria de 44 años, sobre todo con su escudero Clarence Clemons, pero el del domingo ha de ser tratado con reverencia dentro del Olimpo de los shows del de Nueva Jersey. Si un concierto de la gira de The River es un soneto de Garcilaso, el concierto del Bernabéu es la Ilíada. Bruce, con 63 años, desplegó una energía que ya la quisieran los Arctic Monkeys, que tienen 40 años menos. Durante la sideral carrera de casi 4 horas hubo espacio para el rock, por supuesto, y también para las reminiscencias del soul y el gospel que inspiran toda la música americana, con un momento cumbre en My City of Ruins, que Springsteen inició con un recuerdo a los ausentes Clemons y Federici: “If  you’re here and we’re here, then they’re here”.


Tras un brutal comienzo con Badlands, Springsteen sacó su vena comprometida y encadenó una serie de “canciones sociales” con predominio del último disco. Tras No Surrender y We take care of our own, con aires de predicador, cogió el micro y, casi en trance y con circunstancia épica, sermoneó a los presentes con su filosofía de barrio. Bruce Springsteen adquirió en su discurso una trascendencia vaticana cuando, en español y con el acento quebrado, declamó las breves pero rotundas frases escritas fonéticamente en unas sencillas octavillas pegadas al suelo, entre el set list y la pedalera de su Telecaster. “¡Sé que aquí los tiempos son peores, pero nuestro corazón está con vosotros! Queremos dedicar está canción a todos los que están luchando en España”. Y como el Santo Padre de Roma nos dio su bendición, en forma de tema que amenaza con convertirse en clásico, Wrecking Ball, durante la cual se vivió otro de los momentos álgidos de la velada, ese interludio en que se repite recurrentemente “Hard times come, and hard times go… just to come again”. Era la cuarta canción y Springsteen ya se había ratificado como capitán de nuestras almas, dueño de nuestros destinos y supremo pontífice de nuestras emociones.


Los temas se fueron sucediendo, uno tras otro, con la contundencia de una banda que lleva décadas tocando y que, con sus nuevos fichajes (vientos y coros) suena más como siempre que nunca. Mención especial merece Jake, el sobrino de Clarence Clemons, que sin el carisma de su tío probablemente le supera en lo musical (perdón por la blasfemia).  Enormes Nils Lofgren (sobre todo en el espectacular solo de Youngstown) y Silvio Dante - Little Stevie - Van Zandt, nuevo número dos consolidado de la E Street Band. A un servidor, de todas las canciones que fueron sonando hasta acercarnos a las postrimerías del espectáculo le llegaron especialmente Because the Night (con un enorme solo de Stevie), The River, una supercañera My Love will not let you down y The Rising. Todo ello antes del epicentro sentimental del concierto, el momento cumbre que se vivió con Thunder Road. Si la entrada estaba amortizada desde el minuto 4, fue en ese momento (a falta de una hora para el final) cuando me di cuenta de que ya me podía morir tranquilo. Con el despliegue emocional de Thunder Road (y hablo desde una perspectiva totalmente subjetiva) se dejó el concierto en el punto de cocción perfecto para rematarlo y firmar definitivamente la obra maestra. Y fue exactamente así.


Los bises, que empezaron con la delicada Rocky Ground, fueron un continuo de puro rock n’ roll: Born in the USA, ese himno alternativo de los Estados Unidos que el Bernabéu coreó con brutal energía; una gigantesca Born to run, que por seguir coreando hasta se cantaron los acordes del riff de guitarra del tema; una sublime Hungry Heart, en que el éxtasis llevó a Springsteen a sacar a bailar a un operario con chaleco fluorescente y casco de obra; Seven Nights to Rock, en la que Bruce demostró su habilidad tocando el piano con la cabeza, con notable precisión y cadencia rítmica. Tras este simpático rocanrol el Jefe teatralizó una fatiga tremenda (que todos sabíamos fingida) dejándose caer durante varios minutos a las tablas del escenario, hasta que un redentor Steve Van Zandt rescató a Bruce con una balsámica y refrescante descarga de agua desde una esponja, y como una Verónica enjugó el rostro sudoroso del pontífice. Todavía faltaba Dancing in the dark, en que una rubia de buen ver vio cumplido el deseo de su pancarta, que rezaba Can I dance with Nils?, muy al estilo del vídeo de la misma canción, en que una jovencísima Courtney Cox sube a marcarse un baile con Springsteen.  Acto seguido Tenth Avenue Freeze Out, en la que la banda se detuvo en seco tras cantar Bruce “and the Big Man joined the band”, para rendir un último homenaje al sempiterno saxofonista de la E Street, que como ya había pasado la medianoche hacía exactamente un año de su muerte. Cuando parecía que el concierto estaba finiquitado, con las luces encendidas y todo, Bruce lanzó un último ataque que le catapultaría al record de su concierto más largo, con el ya típico Twist and Shout, cantado a coro por Madrid, ciudad que tras la noche del domingo se encuentra en un rincón privilegiado del imaginario springsteeniano, junto a Asbury Park, Barcelona y, cómo no, Nueva York. Después de tan tremendo espectáculo, de tal dosis de energía, después de la alegría de saberse partícipe de un acontecimiento irrepetible, como madrileño uno solo puede sentir orgullo, y como fan de Bruce Springsteen, emoción.

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When the change was made uptown and the Big Man joined the band
From the coastline to the city all the little pretties raise their hands
I'm gonna sit back right easy and laugh
When Scooter and the Big Man bust this city in half
With a Tenth Avenue freeze out



viernes, 23 de diciembre de 2011

2011, el rock sin rock


En Alta Fidelidad, Rob Fleming confiesa que su trabajo soñado habría sido ser periodista de la Rolling Stone entre el 76 y el 79, para conocer a los Clash, a los Pretenders y para ir a montones de conciertos. Por estas fechas navideñas, la revista publica sus listas de los mejores discos y canciones del año, tanto nacionales como internacionales. Si servidor, como Rob, hubiera sido periodista de la Rolling Stone habría tenido tiempo y medios para escuchar y criticar todos los discos publicados en este año funesto, pero como no lo soy tendré que limitarme a comentar lo poco que he podido escuchar. Leyendo la lista de los 20 mejores discos del año me di cuenta de que había 6 publicados por bandas de las que ni había oído hablar, y otros tantos de bandas que apenas conocía por su nombre. Del resto, predominan esos artistas que se hacen llamar independientes pero llenan La Riviera cinco noches seguidas. Ya va siendo hora de dejar de llamar independientes a esas bandas que, aparte de contar con la inestimable ayuda de Internet, tienen suculentos contratos con multinacionales y suenan en los 40 principales, pero siguen haciéndose llamar independientes, como si no les gustara vender discos ni tocar en salas grandes. El término independiente es ahora más un estilo, con ritmos a lo Blur, Strokes o Franz Ferdinand, pero no significa que el que lo interprete sea un muerto de hambre. Y con esto no digo que no me guste, como se verá debajo, es solo una cuestión terminológica. Pero estas bandas, si como algunas de ellas hacen un sonido clásico de rock y, además, llenan estadios, deberían perder el miedo a que les llamen estrellas de rock. De las 20 bandas de la lista, solo Extremoduro (por derecho), Marea (por analogía) y, a medias, Los Secretos (por pasado), serían capaces de reconocerse como bandas de rock. O quizás me equivoque, porque como he dicho antes apenas conozco a media lista.
Esto en el plano nacional, porque en el internacional me voy a tener que abstener de entrar en materia por total desconocimiento. Le tengo bastante manía a Foo Fighters, no he oído el nuevo de Arctic Monkeys, y en cuanto a Coldplay... pensé que tardarían más años en palmar, como palmaron U2. De los otros 17 discos de la lista solo me sonaba el del rancio de Noel Gallagher, que tampoco he oído.
La primera conclusión que he sacado es que, en este 2011, los grandes de siempre se han vendido, están viviendo de las rentas o, como Gary Moore, han pasado a mejor vida. Ya lo dijo Quique González, "nuestros ídolos estaban muertos o intentando volver a empezar".
De manera que me veo obligado a comentar lo que me ha parecido mejor (y peor) de este año en el suelo patrio. Vista la situación, las categorías son Discos, Canciones, Giras y Decepciones.

> Discos
1 · Cualquiera que haya echado un vistazo a las entradas anteriores de este blog sabrá que este año he descubierto una banda catalana que me ha sorprendido, Manel. El mejor disco español del año es, para mi gusto, 10 milles per veure una bona armadura. Es rock n' roll sin llegar a serlo realmente del todo, cantan en catalán y probablemente son del Barça, pero entonces ¿por qué Manel? Aquí la respuesta. Para no quedarme solo con mi favorito, two more for the road:
2 · El Fluido García, de Sidonie. Es psicodélico, suena a David Bowie, a T-Rex, a esas canciones en que los Beatles, colgados de LSD, se ponían a tocar el sitar con Ravi Shankar. Probablemente Sidonie haya encontrado su inspiración también en el LSD, y mientras siga saliéndoles así de bien, por mi que sigan haciéndolo. Sidonie, a pesar de ser minoritarios, es una banda que no renuncia a clasificarse como rockera, así que bravo por ellos.
3 · Y para acabar con los discos, aunque no he podido estudiármelo en profundidad, Material Defectuoso de Extremoduro no pinta nada mal. Le han cogido el gusto a las canciones de 8 minutos, sinfónicas y melódicas, y sin abandonar su estilo incorporan nuevos ritmos de otros estilos. Las letras, como siempre, bestiales e insuperables ("Deja que te diga nena que lo nuestro no es equitativo, todas las noches que estoy contigo tú eres quien come, yo soy comido" del Tango suicida).

> Canciones
En cuanto a temas concretos voy a hacer otro podio, y pido disculpas por repetir a dos de las bandas anteriores en este apartado, pero el material es el que hay:
1 · Puta vida, de Supersubmarina. Esta banda ha sido, junto a Manel, mi otro gran descubrimiento de este año. Son la banda joven, enérgica y guitarrera que necesitaba el rock español, indies, sí, pero ni tan moñas como Vetusta Morla ni tan electrónicos como Love of Lesbian. Esta canción es del EP que han publicado este año, Realimentación, donde también aparece otro tema que podría estar en esta lista, Kevin McAlister.
2 · El aullido, de Sidonie. Nunca pensé que una canción tan electrónica y con tantos sintetizadores llegara a gustarme tanto, pero El Aullido es sencillamente espectacular. Reitero la influencia del LSD en el último disco de Sidonie.
3 · Benvolgut, de Manel. Es una canción surrealista, aunque no tanto como las de Sidonie. Rápida y melódica, con una genial instrumentación. El vídeo, también surrealista.

> Giras
En esta campo gana el de siempre. Quique González, en su tour interminable, ha encadenado este año dos de las mejores giras que se le recuerdan. Por un lado, el final de la gira del Daiquiri Blues, con final apoteósico en las tres noches seguidas que llenó en el Florida Park de Madrid. Por otro, la gira Desbandados, acústica y con la sola compañía de Jacob al contrabajo. Porque este año no ha sacado disco, que si no este post iba a ser monotemático.
He ido a otros buenos conciertos este año, como el que regaló Loquillo en la Elipa, que volviendo a sus orígenes de barrio tocó en unas fiestas de barrio y se sintió más como siempre que nunca. Manel son impecables en directo y Ariel Rot me decepcionó mucho sin su guitarra eléctrica.
Mención especial para el primer y, hasta la fecha, último concierto de Plan Sónico en la Sala Level, con un repertorio propio de pop-rock potente y versiones de clásicos del rock en español y en inglés. Hasta aquí la autopromoción.

> Decepciones
Mi principal decepción ha sido la ausencia de grandes discos de los grandes artistas de siempre este año, pero les concederemos el beneficio de la duda y esperaremos que lo nuevo de Springsteen sea tan bueno como siempre.
Es cierto que no me esperaba mucho del último disco de Loquillo, Su nombre era el de todas las mujeres, con poemas de Luis Alberto de Cuenca, pero no que me aburriera tanto. A Loquillo se le perdona, siempre sabe volver, como los grandes.
En mi hambre mando yo, el último disco de Marea, no se puede decir que sea malo, pero es una continuación vacía del estilo de los anteriores. Con riffs y letras idénticas a sus otros discos, aquí ni siquiera cuentan con canciones que en Las aceras están llenas de piojos rompían con la tentación de la monotonía (Aceitunero, Petenera, Los mismos clavos, etc.). Los mismos recursos guitarreros de siempre y las mismas letras sobre poligoneros, putas y gitanos. Como sigan así no necesitaremos ni comprarnos los próximos discos, presumiblemente tratarán sobre jornaleros, telarañas y tractores verdes. Tienen una oportunidad de redimirse el día 30 en el Palacio de los Deportes. Allí estaremos.

En fin, acaba así este 2011, donde parece que la crisis ha trascendido hasta a la música, y los buenos grupos de siempre están desaparecidos mientras solo unos pocos intentan mantener izado el pabellón. Viene ahora un año para que el rock vuelva a encontrarse a sí mismo. Discos y giras de Springsteen, Serrat-Sabina, Rubén Pozo, Leiva, ¿Quique González? ¿Rolling Stones? Los grandes siempre dosifican, pero siempre vuelven.

PS: espero volver estos días por Billete de Vuelta para hablar algo más de este año que termina, pues no todo en el mundo es música. En cualquier caso, feliz Navidad al lector esporádico de estas líneas. Y gracias.
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Hip! Hip! Por los buenos tiempos
Hurra! Por lo que vendrá
Nuestros ídolos estaban muertos
O intentando volver a empezar

martes, 29 de noviembre de 2011

Y me falta valor para darme por vencido

Txetxu Altube, César Pop y Quique González

Quique González, omnipresente en este blog, ha alcanzado con los años una reputación privilegiada en el panorama del rock español a base de trabajo, de carretera, de tugurios inmundos y, sobre todo, de canciones únicas. Siempre en la delgada línea entre el underground y el mainstream, cuenta con una selección de fans incondicionales que le garantizan su persistencia en la música durante muchos años. Lo que antes era la tutela y el patrocinio por parte de algunos de los más grandes músicos españoles como Enrique Urquijo se ha convertido en innumerables parabienes recíprocos y recurrentes colaboraciones con los primeros espadas de la escena del rock en español: Calamaro, Ariel Rot, Bunbury, M Clan, Pereza, Pancho Varona, Fitipaldis... en definitiva, nadie duda ya que Quique González es un grande. Y como grande ha sido capaz de crear escuela. Él, que bebió de las fuentes del rock americano y de los cánones de Sabina y Serrat en la composición de sus canciones, ha conseguido desarrollar un estilo de creación y ejecución musical propio. Llevando relativamente poco en los escenarios (13 años), es ya la referencia de muchos de los nuevos grupos que intentan entrar en los iPods relucientes de las nuevas generaciones. En esta entrada quería acercarme a dos bandas y un solista que son magníficos continuadores de este estilo descubierto al mundo por Quique González, pero que aportan su propia perspectiva y un sonido característico cada uno. Todavía lidian con la autopromoción de sus discos, pero con sus canciones por bandera llaman con fuerza a las puertas de la industria discográfica, ese temible monstruo tan injusto como poderoso, capaz de despreciar a los músicos con más talento. Estos artistas mientras tanto siguen a lo suyo, ganándose a los seguidores de su música en las distancias cortas, en los bares y en el boca a oreja. Con talento, paciencia y -hay que decirlo- también con suerte, todo llega.

LOS MADISON. Madrileños, quinteto de rockeros voraces, sus canciones tienen reminiscencias de Springsteen y de John Mellencamp. Su líder, Txetxu Altube (o Txetxu-Madison, como le llama Santi Alcanda), es un carismático compositor que vuelca en sus letras una energía brutal a la vez que una elegante sensibilidad. Txetxu, por analogía, se está ganando con sus letras y su voz ser el heredero natural de Quique González. Los Madison tienen dos discos publicados, Días de Vértigo y Vendaval y un tercero a punto de ver la luz (el primero de ellos lleva varias semanas atascado y sin posibilidad de cambiarlo en mi reproductor mp3, y aseguro que me alegro de que haya sido este el disco elegido para sonar eternamente en mis viajes en Metro). Son rockeros clásicos, vintage, con canciones que recuerdan en muchos casos a la atmósfera electroacústica del Salitre48 de Quique, lo cual solo puede ser bueno. Dejo aquí el vídeo de la espectacular Si pierdo la cuenta, de Vendaval.

STEREOTIPOS. Con la misma energía que los Madison y un sonido más contundente y guitarrero, quizás pecan de una excesiva sencillez en algunas de sus letras, aunque su repertorio está lleno de temazos indiscutibles, tanto en su primer disco Stereotipos como en el segundo, 200 Buitres. Musicalmente me parecen una de las mejores bandas del momento, ya que mezclan a la perfección la intensidad de una banda de rock guitarrero con riffs y estribillos muy melódicos, con aires a Tom Petty. Por hacer alguna comparación cercana, su estilo se acercaría al de Aproximaciones de Pereza o a La Noche Americana de Quique González, pero ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Una de mis favoritas de Stereotipos, Perdida en la universidad, fue precisamente escrita por Quique para su primer disco. Lo que más me gusta de ellos es el buen rollo que transmiten sus canciones. Que sigan así.
CÉSAR POP. Asturiano, conocido por ser el teclista de Pereza y coautor de varias de las canciones de Daiquiri Blues, César Pop publicó su primer disco (Te llames como te llames) hace apenas unas semanas, aunque varias maquetas de sus canciones ya estaban en la red. Probablemente, por lo reflejado en su disco, es el más puro continuador del estilo de Quique, cuya voz encajaría perfectamente en todas las canciones. Canciones intimistas, algunas más acústicas y sosegadas con predominio del piano que magistralmente interpreta César, algunas más enérgicas con predominio de las guitarras eléctricas. Cuenta con colaboraciones fantásticas como las de Pancho Varona y Txetxu-Madison. Un disco genial, brillante, completo, ojalá solo el primero de muchos, ya que a César Pop le sobra talento para pertenecer selecto club de los grandes músicos españoles. Sus letras, tan líricas, cargadas de símbolos y de imágenes, de frases de esas que se quedan en la memoria, se complementan perfectamente con unas composiciones que reflejan su buen gusto y su genio musical. Suyos son los versos del título y del final de esta entrada, creo que reflejan bien la lucha de estos artistas que pelean cada día por que su música llegue cada día a más gente, con sus canciones como carta de presentación, es de justicia que su mérito sea reconocido. Suerte en el camino.
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Con medio cuerpo dentro de la nube
y las piernas flotando en el vacío.
Ya nunca pasa nada, esto ya no sube
y me falta valor para darme por vencido

jueves, 27 de octubre de 2011

El rock n' roll del Madrid

Los del Barcelona tienen muchos motivos para estar contentos en las últimas temporadas, vale, pero el Real Madrid es, en fondo y forma, un equipo mucho más rockero. Lo demuestran jugadores como Xabi Alonso, Arbeloa, los ausentes pero eternos Raúl y Guti y, por encima de todos, el Pirata, Esteban Granero. Quizá algo difuminado por el estilo pastillero de los portugueses y Marcelo (tupido velo sobre la celebración del primer gol de CR7 al Málaga), estoy seguro de que el sector español del vestuario respira rock n' roll en cada entrenamiento.


Quique González, tan venerado en este blog como entre algunos de los jugadores citados, es protagonista de muchos de esos puntos de encuentro entre el madridismo y el rock. Prueba de ello es este reportaje que en su día hizo el diario As. Avería y Redención #7, disco que Quique publicó en 2007, incluía en su dedicatoria estas palabras: “un saludo para Xabi Alonso y Esteban Granero, ases del balón”. Lo curioso es que este disco se publicó cuando Xabi aún seguía en el Liverpool y Granero en el Getafe. Quizás fue la música de Quique lo que les unió en el centro del campo del Madrid, quién sabe.


Granero, además de aficionado a la buena música (eligió Born to Run de Springsteen para abrir su entrevista en RealMadridTV, como muestra de sus muchas manifestaciones de buen gusto) asiste a talleres literarios y se aventura en el mundo de la poesía. Su cuenta de twitter da fe de la sensibilidad artística y cultural que rebosa. Mucha gente especuló hace unos días sobre su salida del Madrid debido a unos tweets  que publicó en los que Alicia le preguntaba al gato Azrael por dónde había de seguir su camino en el País de las Maravillas “-Poco me preocupa dónde ir  - Entonces poco importa el camino que tomes”. Tome el camino que tome Granero va a ser el correcto, pero a muchos nos gustaría verle más minutos en el césped del Bernabéu.

Otro ilustre madridista al servicio de la música ha sido Guti, que prestó su voz al maestro Sabina en los coros de su último disco. Guti se ha ganado el afecto y la amistad de otros grandes de la música como los Pereza (con Leiva en la foto). Y muy relacionado con Guti por la amistad que les une y por ser ambos piezas importantes en el juego de ataque del Madrid de la 7ª, merece una mención especial Álvaro Benito que, tras su gravísima lesión que le apartó del fútbol, montó una banda de algo que un día pudo llegar a ser punk (hoy, desgraciadamente, son Pignoise).

¿Y el Barça qué? Todo lo que sabemos es que al ganar la pasada liga se fueron todos a celebrarlo a un concierto de Shakira, a la sazón novia de Piqué. Pena me dan. Que digan lo que quieran de tripletes, de juego de toque, de balones de oro, de cantera y de manitas, en el Real Madrid hay más rock n’ roll. 

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Piel de caramelo y dulce de manzana
cervezas sin alma y cartones de bingo.
La gente en las colas solo se pregunta
¿ganará el Madrid al Barça el domingo?
Quique González, Día de Feria