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miércoles, 3 de septiembre de 2014

The summer wind



No sé muy bien cómo empezar este post, ni tampoco cómo acabará. De hecho no estoy muy seguro de lo que quiero decir, ni siquiera si hay algo que quiera decir. Ando con la cabeza un poco perdida últimamente, discúlpenme, y un blog tiene algo de vía de escape, algo de barra de bar en la que el simple hecho de tomarte un par de cañas ya te reconforta, contándole tus desvaríos al camarero. Estamos en septiembre, y lo que suena es Big Star.


Desvarío 1 - Primera caña. En algún sitio leí que el power pop (Género de música popular que se inspira en el pop y el rock británico y americano de la década de 1960. Típicamente incluye una combinación de dispositivos musicales como melodías fuertes, voces claras y armonías vocales nítidas, arreglos económicos y riffs de guitarra prominentes; Wikipedia says) es la banda sonora del fin del verano y del comienzo (¡una vez más!) del viaje circular, del momento de rebobinar la casette. No creo que esta afirmación tenga ningún tipo de base científica más allá de que el principal himno de este género se llama September Gurls, pero es cierto que en unos días, cada vez más cortos, en que la nostalgia se confunde con la incertidumbre de los planes a medio hacer para el nuevo curso, las "melodías fuertes y armonías vocales nítidas" de Big Star o Teenage Fanclub se identifican con ese estado de transición en que uno conserva todavía el moreno en la piel pero el alma se prepara ya para el otoño. Quizá porque son canciones alegres y potentes que recuerdan las noches de veranos pasados, pero con matices melancólicos, gotas de saudade en las voces y en los solos. Un buen ejemplo en el 1:56 del siguiente tema, es un silencio de apenas una décima de segundo a mitad del solo a dos guitarras, un instante para coger aire, una especie de respiro en pleno septiembre, alegre y triste a la vez, profundamente nostálgico (aunque para escucharlo en todo su contexto pónganlo al menos desde el 1:27 hasta el 2:07, si es que la canción entera es mucho pedir).


Desvarío 2 - Primer doble, que una caña es poco. Hace miles de años escribí un post llamado Canciones Paralelas. El otro día me acordé porque, después de una agradable conversación nocturna en Twitter sobre cuáles son las mejores canciones de Quique González, estuve escuchando en bucle (un bucle largo de los de antaño) Suave es la noche, canción con título de novela de la Generación Perdida que mi interlocutora y yo coincidimos en situar en el Top 3 del madrileño. Y entonces lo vi, Suave es la noche es la Atlantic City de Quique González, como Atlantic City es la Suave es la noche de Springteen. Y son canciones paralelas porque son dos temas acústicos instrumentados de forma muy parecida (un par de guitarras y mandolina), ambas melodías juegan con la misma cadencia sobre los acordes de La menor y Fa, y al margen de tecnicismos se encuentran en dos discos acústicos (Kamikazes Enamorados y Nebraska) que representan la misma transición en los dos artistas, y en directo suenan ambas potentes y desgarradoras con las guitarras enchufadas. Porque son de las mejores canciones de dos de mis músicos preferidos. Porque siendo dos temas sencillos y acústicos son la definición del rock and roll.



Desvarío 3 - Segundo doble. Nos quedan los conciertos, que ya es suficiente, y no nos deben faltar. Entradas para Extremoduro en un par de semanas en Las Ventas; camiseta negra y minis en las tascas de la calle Roma. Entradas también para Quique González + José Ignacio Lapido avanzado noviembre; camiseta blanca y gin tonics. Y nos quedan los discos que están por salir: Neil Young, Jeff Tweedy y Lucinda Williams.




Desvarío 4 - Copa de Ribeiro. El otro día vi en Clamores con Jordi a mi maestro en esto del rock, el gran Paco LeGoffic (7 años en la escuela, casi nada), acompañando a una banda de funk. Jordi y yo cerramos proyectos, de los buenos. Pero eso es secreto todavía.




Desvarío 5 - Copa de Oporto. Se ha ido Xabi Alonso. Nuestro 14, el dorsal de los dioses. Contaba Quique González que cuando se fue Redondo se plantó una mañana en el Bernabéu con su camiseta a protestar por su marcha, y que dejó la camiseta allí. En un primer momento pensé en hacer algo parecido, pero entonces leí el "Rock and Roll en el fútbol y en la vida" de Jabois en El Mundo y el "Xabi Alonso" de Gistau en el ABC y abandoné tan estúpida resolución. Y es que cómo no le vamos a querer.




Desvarío 6 - Chupito de tequila. He acabado hablando de Quique González en solo 3 de los 5 anteriores desvaríos. Me estoy reformando, la medicación funciona.




Desvarío 7 - Gin tonic (nada de bayas, hierbas ni flores; Beefeater, Schweppes, tres hielos y, si eso, una tira de limón). Y he acabado convirtiendo estas líneas, una vez más, en el post estándar de este blog, a falta de que les hable de los  libros que he leído últimamente. Pues para no hacer el feo recomendaré los mejores que han pasado por mis manos estos dos últimos meses estivales:

- Que empiece la fiesta, de Niccoló Ammaniti. Cuentan que es el libro que inspiró las escenas de las excéntricas fiestas que se celebran en La Gran Belleza, en las que se retrata la decadente alta sociedad romana. Novela divertidísima donde las haya.

- La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, de Antonio Tabucchi. Imprescindible para quien le haya gustado Sostiene Pereira. Una interesante trama policíaca, algo más cruda y no tan idílica como Sostiene pero igualmente recomendable. También leí un libro de cuentos de Tabucchi llamado Pequeños equívocos sin importancia, algunos de los relatos son auténticas joyas.

- El diario del ron, de Hunter S. Thomson. La crónica del viaje hacia lo desconocido, hacia el descubrimiento de uno mismo sin siquiera planteárselo, que al protagonista (alter ego del autor) le lleva a bacanales y aventuras en Puerto Rico. Como Like a Rolling Stone hecha novela.

- El cuento de la isla desconocida, de José Saramago. Es una sensacional fábula sobre el hombre, la vida y los sueños, dudo que sea necesario dar más información. Se lee en apenas media hora, tras la cual uno es mejor persona.

Plomo en los bolsillos, de Ander Izagirre en Libros del KO. Es el relato sentimental de la historia del Tour de Francia brillantemente narrado por el bueno de Ander. De necesaria lectura para los que, además de con hacer el Moonwalker, soñamos con escaparnos en solitario subiendo el Tourmalet.



Sucede que, al final, todo lo que no sabes cómo va a terminar acaba contigo de la misma manera: borracho. Salud, amigos.


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The summer wind came blowin' in from across the sea
It lingered there, to touch your hair and walk with me
All summer long we sang a song and then we strolled that golden sand
Two sweethearts and the summer wind

Like painted kites, those days and nights they went flyin' by
The world was new beneath a blue umbrella sky
Then softer than a piper man, one day it called to you
I lost you, I lost you to the summer wind

The autumn wind, and the winter winds they have come and gone
And still the days, those lonely days, they go on and on
And guess who sighs his lullabies through nights that never end
My fickle friend, the summer wind

sábado, 12 de julio de 2014

Before rock's just part of the past

El rock, la música de nuestra vida, está en vías de extinción, al menos tal y como lo conocíamos. Hace unos años, creo que después de la muerte de George Harrison (o quizás fue la de Johnny Ramone), ese abyecto animal llamado el Sevilla pronunció una frase simpática y llena de cariño en un insólito arrebato de lucidez: "Beatles 2 - Ramones 3". Hoy ha terminado ese partido y los de Nueva York han ganado 4-2, ya que con la muerte de Tommy desaparece el último superviviente de la formación original de la banda. Es cierto que hubo unos cuantos Ramones más que se fueron sustituyendo unos a otros antes de la muerte definitiva del grupo en los noventa (al finado Tommy le reemplazó Marky en el 78), pero en lo que a su más mítica plantilla se refiere, la de Blitzkrieg Bop, la del CBGB y la foto delante de un muro de ladrillos del Village, la de los nombres que rodean el águila que mira la rama de olivo (así está en tiempos de paz, en tiempos de guerra miraría al bate o, en su caso, a las flechas), se puede decir que hoy, 12 de julio del año 2014 de nuestra era, los Ramones se han extinguido. Muchas leyendas del rock han abandonado el edificio desde que un día se estrellara el avión de Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, pero si no me equivoco los Ramones son la primera de las más grandes bandas del rock que desaparecen por completo (creo que algún Lynyrd Skynyrd sigue dando bolos por ahí; y Big Star están al límite, muertos sus tres miembros clave (Chilton-Bell-Hummel) queda solo Jody Stephens, el batería original).
Qué grandes eran, joder, y aunque ninguno de ellos fuera un prodigio en su instrumento fueron cruciales para la música: anticiparon el punk, hicieron melodías míticas solo con tres acordes de quintas, recuperaron las chaquetas de cuero y patentaron el ¡one, two, three, four! como señal de inicio cuando aún no se había apagado del todo la última nota de la canción anterior. Dominaron, más de lo que nadie dominará nunca, el noble y sagrado arte de la canción de dos minutos y medio, por eso sus conciertos tenían entre treinta y cuarenta canciones, ¡nada menos! De hecho, el Loco Live (grabado en Barcelona) es el único disco que ha sido capaz de doblegar a mi minicadena, incapaz de reproducirlo por tener demasiadas pistas (unas 35).
Los Ramones ya son solo su legado, su historia, nostalgia pura. Tristemente, empieza el fin de la época clásica de las bandas de rock. Vaya año que llevamos (y en concreto vaya semana, Di Stéfano y el último Ramone en apenas cinco días; sic transit gloria mundis).
Allá va mi top de los Ramones, que a las leyendas del rock hay que despedirlas con rock:

1. Do you remember rock and roll radio.
2. The KKK took my baby away.
3. I wanna be sedated.
4. Blitzkrieg bop.
5. I wanna be your boyfriend.
6. Havana affair.
7. Judy is a punk.
8. Today your love, tomorrow the world.
9. Beat on the brat.
10. 53rd and 3rd.

Bonus track: Tom Waits - The return of Jackie and Judy. De ese memorable disco de tributo a los Ramones llamado We are a happy family. Qué grande hay que haber sido para que te versionen en un mismo disco Waits, U2, Metallica, RHCP o Kiss.

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Do you remember Hullabaloo,
Upbeat, Shinding and Ed Sullivan too?
Do you remember rock'n'roll radio?
Do you remember rock'n'roll radio?
Will you remember Jerry Lee,
John Lennon, T. Rex and OI Moulty?
It's the end, the end of the 70's
It's the end, the end of the century

Do you remember lying in bed
With your covers pulled up over your head?
Radio playin' so no one can see
We need change, and we need it fast
Before rock's just part of the past
'Cause lately it all sounds the same to me
Oh oh oh oh, oh oh


Rock n', rock and roll, radio, let's go!
Rock n', rock and roll, radio, let's go!

- This is rock and roll radio. Stay tuned for more rock and roll.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La Navidad supera la ficción


Una de las primeras veces que recuerdo ir a la Alameda de Osuna, en la misma calle donde está la salida del metro, mi amiga allí residente me hizo ver una pintada en la acera que rezaba así: "La Navidad supera la ficción". Esa frase se quedó grabada en mi cabeza y, desde entonces, no ha dejado de hacerme divagar sobre su significado. La Navidad supera la ficción... Uno piensa en las calles del centro con sus luminarias kilométricas, en la gente que se agolpa en los grandes almacenes pugnando por llevarse el perfume de más alta graduación, y desde luego ve cómo, con toda crudeza, la Navidad supera la ficción de paz y amor. O acaso el misterioso graffitero de la Alameda de Osuna se refiriera al sentido que desde ciertas élites se quiere quitar a estos días, a propósito de las felicitaciones de contenido religioso. Manuel Jabois, ateo, lo replicaba así en un artículo llamado Felices Fiestas"Uno de ellos (los problemas derivados del ateísmo militante de Jabois) tenía que ver con la Navidad, que solventé convenciéndome que aquello era una larguísima tradición fundada, a mi juicio, en un mito, pero que celebraría porque está incorporada a la genética de mi cultura, y también porque soy un poco alcohólico (...). ¿Y por qué Felices Fiestas en diciembre?, habría que preguntarle a su señoría, ¿y no en agosto? Las familias se reúnen a cenar el día 24 de diciembre por un nacimiento en el que unos creen y otros no, pero negar los orígenes de la Navidad y refundarlo todo es como esa ridiculez del bautizo ateo, que cuando se lo propuse a mi madre por pesada contestó que dejase al niño mejor así «por no llamar la atención del diablo»".
Hasta aquí mis reflexiones que, como pueden ver, ni siquiera son propias, que cada uno interprete lo que quiera de la pintada de la Alameda, que para eso está impresa en suelo de dominio público.



Yo nunca fui muy de peces en el río, bebiendo y bebiendo hasta la cirrosis y el paroxismo. Nunca me gustó mucho la tradición castiza de coger panderetas de plástico, zambombas húmedas y guitarras con dos cuerdas de menos con el objeto de cantar la Navidad con villancicos que versan sobre ratones que entran al Portal, remiendos y chocolateras. Reniego. Yo siempre creí en esa Navidad en blanco y negro de Central Park, con la nieve cayendo sobre los patinadores del lago mientras suena Bing Crosby, Louis Armstrong o Frank Sinatra. Qué le voy a hacer, me gustan más los villancicos de los americanos, que casan perfectamente con una postal nocturna de la Gran Vía de Madrid, nuestra pequeña Quinta Avenida.



Y yo, que simplemente quería felicitarles la Navidad, qué manera tengo de enrollarme y de acabar hablando siempre de Jabois o de Quique González. El año pasado tiré por lo profano y mi felicitación fue Santa Claus is coming to town, en voz de Bruce Springsteen; este año vamos por lo sacro, les dejo con otro villancico de los míos, Jesus Christ, de Big Star. Desde Billete de Vuelta les deseo una Navidad larga y muy feliz, y también que lean buenos libros, ni de autoayuda ni de presentadores de televisión, que escuchen grandes discos y se sirvan los gin tonics con la precisión adecuada. Que se resguarden cuando se ponga a llover y se sepan mojar cuando sea necesarioQue envuelvan sus problemas en sueños, se manchen las manos de Navidad y que esta supere la ficción, pero siempre para bien. Salud.



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Angels from the realms of glory,
stars shone bright above
Royal David city 
was bathed in the light of love

Jesus Christ was born today, 
Jesus Christ was born 

Lo, they did rejoice
fine and pure of voice
And the wrong shall fail, 
and the right prevail.

Jesus Christ was born today, 
Jesus Christ was born 


And we're gonna get born now

jueves, 13 de diciembre de 2012

Radio City



Hoy he vuelto a Radio City, uno de esos rincones de los que quedan pocos en Madrid. Sita en la Plaza de la Guardia de Corps, en la Malasaña occidental, Radio City es una de esas tiendas de rock-and-roll-actitud donde se respira música en vez de prisa, que es lo que se respira en las grandes superficies. La tienda, modesta donde las haya, cobija en sus 10 metros cuadrados un repertorio de discos que, de tan exquisito, desborda todo conocimiento musical que cualquier melómano hubiera anhelado nunca.

Iba yo a Radio City con la intención de liquidar los perentorios regalos de Navidad y para recoger un disco encargado que Spotify ya me ha vetado de tanto darle al play, por lo que ya iba siendo hora de hacerse con él. Se trata del Third / Sister Lovers de Big Star, la menos reconocida de las grandes bandas de la historia, al menos en un país de bisbales y sergioramos como el nuestro. Y con "grandes" hablo de las diez más grandes, perdonen la osadía, por entidad y por la grandísima influencia sobre bandas posteriores como REM, Jayhawks o Wilco (Kangaroo, de 1978, es la cosa más parecida a Wilco que yo conozca, y veinte años antes de Wilco). Big Star es el punto donde se conectan los sonidos de los Beatles, los Stones, la Velvet Underground y la Creedence, sintetizando en sus discos guitarrazos de rock clásico, country suave y hasta algún matiz de psicodelia experimental, con protagonismo siempre de la melodía, que tanto cultivó su líder y principal vocalista, el inconmensurable Alex Chilton. Big Star sacaron tres discos en los 70, antes de separarse para los siguientes lustros, #1 RecordRadio City (¡eh, como la tienda!) y el ya referido Third.  De Radio City, que pasa por ser uno de mis discos favoritos, es de lo que yo quería hablar. Es difícil encontrar mayor concentración de temazos en un disco, entre ellos varios de los mayores éxitos de la banda, como Back of a Car, Life is White, Way Out West o, über alles, September Gurls. Disco imprescindible Radio City, emblema del denominado power pop y seguramente uno de los mejores trabajos de la historia del rock.


Hago desde aquí un llamamiento a la humanidad para que haga apología de las tiendas de discos pequeñas -God save little shops-, por un mundo con una Radio City donde te puedas comprar el Radio City (sospecho que en El Corte Inglés nunca ha estado en stock). Tiendas con torres de vinilos apilados, como la de Rob en Alta Fidelidad, que luchan por sobrevivir a las demandas de la masa que llena los conciertos del Pablo Alborán ese. Tiendas en las que te pueda pasar lo que a mi hoy en Radio City: estar buceando en la colección de folk sesentero y que aparezca el maestro Andrés Calamaro, malasañero insigne del Plata, dispuesto a cogerte del brazo y agradecerte que le pidas una foto. Id a Radio City amigos, que por cierto se muda para año nuevo unos metros más allá, a la calle Conde Duque. Id a Radio City porque, mientras existan en Madrid tiendas así, la música tendrá un buen refugio donde resguardarse de la tormenta.

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Lo esconden de las luces y los focos,
lo mezclan con reclamos comerciales,
lo repudian como a un virus contagioso,
pero vuelve a perderse por los bares.

Pero no olvides, no traiciones
lo que siempre te ha hecho vivir.
No olvides, no traiciones
lo que llevas muy dentro de ti,
porque no muere jamás 
tu rock and roll actitud.