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viernes, 9 de mayo de 2014

La vieja escuela


Este mes de mayo tiene aroma de vieja escuela. Los astros se han alineado, la luna está en cuarto creciente y los acontecimientos que se presentan están trufados de clasicismo, de una nostalgia antigua y mística. Estos días viajamos en DeLorean a la niñez. Estoy hablando, cómo no, del Real Madrid y del rock, que son esencialmente la misma cosa, aunque a veces se difumine esta idea bajo tatuajes en el antebrazo o anuncios de champú anticaspa.

Vamos por partes. Los primeros recuerdos que tengo del Real Madrid, que se confunden con los primeros recuerdos que tengo de la vida, son imágenes de una portería cayendo en el Fondo Sur, cuando todavía en los estadios había vallas y el Bernabéu tenía ese aire de ring de boxeo, con Davor Suker encaramado a la alambrada como si fuera Jake LaMotta intentando saltar a Melilla. Imágenes de Redondo, de Ámsterdam, de Zidane en la trinchera enemiga. Todo eso quedó atrás, y tras la volea de Glasgow vinieron años de hambre y frío, pero sucede que el tiempo pasa y que el Madrid vuelve a su territorio natural, la final europea.  Just when I thought I was out they pulled me back in. Los madridistas vamos a Lisboa a por la Copa como Ulises volvía a Ítaca a por Penélope, dispuestos a matar pretendientes sin piedad. Lisboa, la ciudad de la melancolía: Ancelotti sentado en A Brasileira junto a Pessoa, Modric cruzándose con el reportero Pereira y Monteiro Rossi en Terreiro do Paço, frente al Tajo. La Décima debe ser nuestra por justicia poética. Los del Atlético que se queden con la Liga, con sus victorias en Vallecas, en Cornellá o en el Coliseum Alfonso Pérez, eso es lo que le pega a Gabi, Juanfran o el Cholo. 


Y luego está el baloncesto. Lo del año pasado, con Spanoulis ganando él solo una final, fue un entrenamiento magnífico para esta Final Four. Aunque no llegamos en nuestro mejor momento en Milán hay que salir a arrasar. En caso de duda dádsela al Chacho, y en caso de que a falta de 2 segundos vayamos perdiendo dádsela a Llul. Ellos sabrán qué hacer. Estas últimas tardes con Mirotic están impregnadas de la tristeza del joven de un pueblo de Connecticut al que en cualquier momento van a llamar al frente a combatir. Nosotros nos quedaremos en Madrid, corriendo hacia el portal pensando que va a volver, aunque realmente sea el cartero o un oficial de la Armada con un crespón, una cadena y una bandera doblada. Este Real Madrid fue construido para ganar la  Euroliga, veinte años después (quién dijo que veinte años no es nada), y si no lo consigue por lo civil debe hacerlo por lo criminal. La Novena debe ser nuestra por justicia histórica. Es hora de revivir la memoria de jóvenes airados.

Mayo ha traído también una sucesión de conciertos de sabor añejo que resucita a cualquier caído de la Movida. Nada menos que:
- Loquillo, mañana en la Riviera. Viene en el momento perfecto de la gira, después de haber grabado un concierto mítico en Granada. Y es Loquillo, es imposible, verle al 95 %, lo da todo hasta en las fiestas de los barrios, como en ese antológico concierto gratuito en La Elipa rodeado de puestos de buñuelos y algodón de azúcar. Y la otra vez que le vi en La Riviera la guardo en el top 3 de conciertos a los que he ido.
- Burning, miércoles 14 en las fiestas de San Isidro. Puede que solo quede uno de sus miembros originales, y puede que este, Johnny Cifuentes, sea un ególatra bastante repulsivo que anda peleado con la mitad del  rock español, pero son Burning, fueron grandes y a su recuerdo nos encomendamos para vivir una noche de camisetas negras, minis de calimocho, chupas de cuero y humo de canuto.
- Siniestro Total, viernes 23 en Penélope. No sé si en este punto el lector se hace suficiente cargo del carácter planetario de la sucesión de acontecimientos, que parece esto 1984. Pues sí, los Siniestro, una semana después de Loquillo y Burning y el día antes de la final de la Champions.
Si Dios quiere volveré en unos días por aquí a dar cuenta de la borrachera de nostalgia y panmadridismo que nos vamos a pegar con los hijos de la vieja escuela. Hasta entonces, salud y rock.


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Madrid, solo hay un secreto que me lleva hasta aquí,
que ha muerto el silencio en las calles de Madrid.
Alma de Ceesepe late muy dentro de ti.
Piérdeme, la muerte será dulce aquí en Madrid.

Cuando los gamberros tienen acceso al poder,
y cuando los dandis muestran su desfachatez,
cuando sus mujeres se han negado a crecer,
cuando la locura ha vencido a la vejez.

Madrid, llévame en tu coche a algún vicio por ahí.
Búscame en las ondas alguien que hable para mí.
Dile a Pepe Risi que ya puede sonreír,
él mató al silencio en las calles de Madrid,

sábado, 15 de marzo de 2014

Primer cajón de la estación de primavera

Es un buen momento, como cualquier otro, para darle algo de vida a este blog, que lo tenemos muy aparcado  últimamente. Estamos a mediados de marzo, los días son más largos, la gente se va atreviendo a sentarse en las terrazas y poco a poco las chicas van mostrando sus pantorrillas al sol, anticipando el regreso a los parques y a las bibliotecas de las universidades de los shorts vaqueros, ese imán de miradas lascivas que provoca que giremos rápidamente nuestro cuello al cruzarnos con sus portadoras, y la mayor amenaza para que los tíos podamos concentrarnos y ponernos de una vez a estudiar. El madridismo, que es ganar en primavera, se acerca a la contienda final con el fusil cargado, tanto en fútbol como en baloncesto. En abril y mayo, Sevilla y Córdoba tienen sus ferias, cruces, patios... en Madrid tenemos fútbol europeo. Estamos en año de Mundial y todavía no he decidido con quién voy a ir (en el de baloncesto, en el de fútbol hace tiempo que decidí que animaría a Portugal y a Croacia).


En el calendario de mi pueblo es sábado de transfiguración, pero yo estoy en Madrid. Esta noche me podrán buscar, después del  baloncesto y del fútbol, tarareando un pasodoble y subiendo en zigzag por la Cuesta de Moyano.
Murió Paco de Lucía. A mí, como guitarrista que intenta pegarle a todos los palos (y a todos les pego mal), la noticia me llenó de gran tristeza. 1 - Paco de Lucía, 2 - Jimi Hendrix, 3 - Jimmy Page, esas son mis máximas referencias guitarrísticas, pero Paco el primero, porque él cogió un género, lo llevó a su máxima expresión técnica y lo reinventó por completo, además de porque es tan nuestro como el pan con aceite o las cañas del domingo. Se han dicho y escrito cosas muy bonitas sobre su figura, pero lo que más me ha gustado ha sido esto de Antonio Lucas en El Mundo.
He descubierto algunas cosas nuevas. The Fakeband son una banda de Getxo que canta en inglés y suena como recién sacada del medio oeste americano. Buenísimos. También he estado escuchando en bucle Yo quemé a Gram Parsons, el EP de Víctor Sánchez, guitarrista de Lapido. Un pop rock suave, elegante y sin estridencias, adictivo. La lástima es que como tanto los unos como el otro son tan espantosamente minoritarios se antoja misión imposible conseguir sus CDs en formato físico. Yo, que soy un apasionado usuario de lo analógico, estoy por subcontratar al MI6 para que me encuentre los discos antes de que Spotify me demande por cortocircuitar sus servidores a base de escuchas.


Terminé A Sangre y Fuego, de Manuel Chaves Nogales -"Edu, solo lees a periodistas", me han dicho-, imprescindible. Ahora ando con unos cuentos de Raymond Carver, y mis libros favoritos siguen siendo El Principito y Novecento.
He arreglado las clavijas de mi vieja Ramírez (resulta que solo había que engrasarlas), suena mejor que nunca con cuerdas nuevas. He renovado, siete años después, mis gafas de ver, y me dicen que las nuevas son de postureo hípster (en efecto, el otro día paseando por Malasaña me sentí totalmente uniformado con el gentío), pero a mí me gusta pensar que se parecen a las de Woody Allen o,  remotamente, a las de Scorsese o a las que lleva Moe Greene al ser asesinado en El Padrino.


Estamos a marzo y los planes de verano se encuentran en mi fase preferida: organización sin ningún tipo de restricción presupuestaria, geográfica o moral. Ya nos cortaremos con los dos primeros criterios en junio, pero por ahora se habla de un coast-to-coast en furgoneta desde el Cabo de Gata hasta el Cabo de San Vicente (Algarve), 987 kilómetros de Mojácar a Sagres (donde la mejor cerveza portuguesa) con parada en Fuengirola, Conil, El Puerto, La Antilla y donde nos acojan. Volveremos a poner el Salitre48, a correr delante de porteros de Puerto Marina y a perpetrar noches míticas.

Lo que no estoy dispuesto a negociar de ninguna manera es el calendario de conciertos que se está cerrando para la temporada primavera-verano en la villa y corte, a saber:
- Abril: Leiva.
- Mayo: Loquillo, Siniestro Total y Calamaro (aunque este último coincide en fecha y hora con la final de la Champions, hay que ser cabrón; nos iremos a verle a Pamplona).
- Junio: Rolling Stones en el Calderón; a Robert Plant nos lo perdonamos porque viene con un rollito medio africano esotérico que da un poco de yuyu.
- Septiembre: Extremoduro en Las Ventas.
- Sin fecha los AC/DC.
Y todo esto sin contar la interminable gira de Quique González, con la que sería bonito coincidir de nuevo en algún lugar, el ukelele en la playa, los tablaos flamencos, las saetas cuarteleras e, incluso, las actuaciones propias (cantaremos unas coplillas modernas el 4 de abril en el Recuerdo, stay tuned).


Este pequeño resumen sesgado y brutalmente subjetivo da cuenta de que estamos entrando en una bonita etapa del año, así que vayan guardando el chaquetón, desempolvando las wayfarer y saliendo al parque a ver a las niñas en manga corta, que ya llega la primavera. Salud.

PD: No me he dado ni cuenta al principio, pero he conseguido titular dos posts seguidos con dos frases distintas de la misma canción (yo escribo lo primero el  título y los versos del final, y a partir de ahí voy hilando tonterías). Sonrisa estúpida del autor del blog.
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Crece la hierba en el primer cajón
de la estación de primavera.
Hoy nos esperan besos a traición
y ruido de ventanas abiertas.
Ardió una estrella entre nosotros dos
que no me deja estar tan cerca.
Si subes la escalera de color
préstame pintura de guerra.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Playmakers


Hace tiempo que no hablamos de deportes por aquí, y eso que el madridismo irracional del autor se está viendo últimamente satisfecho con resultados positivos por parte de las dos secciones del club de Chamartín. En fútbol parece que la mejor plantilla del mundo está empezando a demostrar por qué vale mil millones, a fuerza de los pases de correo postal de Xabi Alonso y los goles de caza mayor de Cristiano. Mientras tanto, el equipo de baloncesto ha cosechado el inicio de temporada perfecto con 13 victorias en 13 partidos, y con un nivel de juego que un early ninties como yo no ha conocido nunca en suelo europeo. El equipo por fin se ha quitado sus complejos en la zona fichando a dos pívots talentosos e intimidadores con pinta de guerrilleros, como son Bourosis y Mejri, y con un Mirotic pre-NBA demostrando que va a ser el mejor jugador de este lado de la mar océana. Los altos nos dan una nueva seriedad defensiva, también Slaughter y Felipe, que sigue teniendo su imán para el rebote. Este Madrid se construye en la defensa, pero es al correr hacia la canasta contraria cuando el rival esconde a los niños. De la barba de Sergio Rodríguez nace el juego, el más perfecto que se pueda imaginar. Con el Chacho en pista hasta yo, que este año me he abonado al Palacio, me creo capaz de encestarla. A su lado cabalgan Rudy, que pasa más tiempo en suspensión que en el mundo de los mortales, el ultraortodoxo Tremmell Darden y el mormón Jaycee Carroll, a quien preguntan los de las enciclopedias antes de explicar cómo se tira un triple.


El caso es que yo hoy no venía a hablar del Madrid, sino de dos jugadores, uno de fútbol y otro de baloncesto, a los que este blog patrocinaría si tuviera dinero, pero que por culpa de las rodillas nos han dejado huérfanos de su magia unos meses, y a sus equipos sin el creador de juego e inventor de ataques que los iluminaban. Esteban Granero es uno de ellos. En un inteligente movimiento del mercado, fichó por la Real a finales de verano, un equipo que aspiraba a estar arriba en la liga y en Europa. Hace 72 días su ligamento cruzado se tiró por la borda, y sin Esteban la Real ha sido eliminada de Champions y se mantiene en la zona media-alta de la clasificación en liga. Para jugador y equipo, la lesión llegaba en un momento clave de la temporada, con todo a medio hacer. Pero por lo que podemos ver en su twitter y en un pequeño reportaje que le dedicaron los de Canal+ hace unos días, Granero le está ganando la carrera al tiempo. Le hemos visto trabajando en el gimnasio, en la piscina e incluso dando algunos toques con el balón, que yo no soy médico pero imagino que debe de ser buen síntoma. También le hemos visto en su casa frente a la Concha, con el disco de maquetas de Quique González sonando de fondo y él con la guitarra. El madridismo, decía Jabois, es ganar en primavera. Para la próxima primavera tendremos otra vez al Pirata corriendo por los campos y los mares, y el fútbol será mejor. Desde este blog, por el que sabemos que alguna vez se ha pasado Granero, todo al ánimo del mundo, después de la avería viene la redención.


El viernes pasado fue un día tristísimo. A cualquiera que le guste el baloncesto le debe de seguir doliendo la rodilla derecha por solidaridad con Derrick Rose. El que probablemente es el mejor base del mundo, un chaval de 1'91 capaz de machacar el aro como si le hubieran lanzado desde arriba, detuvo los relojes en la madrugada del viernes. Su rodilla derecha decidió romperse tan solo un mes después de que la izquierda le permitiera jugar, tras haberle condenado a la grada toda la temporada pasada. Dos años sin Rose es más de lo que un aficionado puede soportar, así que no quiero imaginar cómo estará él, no hay extensión más grande que su herida. Derrick Rose es Chicago Bulls, y sin él los Bulls parecen abocados a la nada en la que llevaban instalados desde que se fue un tal Jordan. Todo hasta que apareció un chaval, vecino de la ciudad, que entraba a canasta rompiendo la cintura de los defensores más fieros, que solo podían ver por el retrovisor el número 1 de su dorsal. En 2010 orquestó la victoria de USA en el Mundial ese en que a España se la cargó un triple de Teodosic, y en 2011 le eligieron MVP de la NBA. El más joven en conseguirlo nunca. Entonces las rodillas empezaron a rebelarse, no podían soportar tanto talento. Hay otros bases jóvenes en la liga, como Chris Paul o Kyrie Irving, que aseguran la supervivencia de la especie, pero sin Rose, ay, los Bulls lloran porque no tienen quien les asista, y el baloncesto se pierde a su mejor creador de juego.

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400 perros en la puerta de la comisaría,
y lo más complicado fue encontrar una salida fácil.
Me bastó un vistazo para ver la botella vacía,
y entonces supe que estaba fuera.

400 gramos de avería y redención,
400 gramos de insatisfacción.

martes, 4 de diciembre de 2012

Delantera mítica

Yo quería hacer con los goles de Hugo Sánchez lo que después quise hacer con mi vida: detenerlos en el tiempo, congelar la felicidad y mantenerla envasada en la nevera para cogerlos cualquier día y abrirlos como si fuese un helado. 
 Manuel Jabois, Grupo Salvaje. 

Delantera mítica sabe a fútbol añejo, a humo de bengala y gente apiñada en el gallinero. Evoca a los tacos de Juanito aplastando la cabeza de Matthäus, a Zanussi, a Parmalat. Recuerda a Hugo Sánchez metiendo 38 goles al primer toque, al grupo salvaje, a la puta banda. Suena a Teka, a Suker encaramado a las vallas de metal del Fondo Sur, a Raúl galopando solo por París, sorteando a Cañizares y sellando la victoria eterna del Real Madrid.


Aunque Delantera mítica también pudiera ser Marilyn en La tentación vive arriba, mientras suena Rachmaninov, o Anita Ekberg bañándose en la Fontana de Trevi en La dolce vita. O quizás Catherine Zeta Jones cuando todavía era universitaria en Alta Fidelidad, o hasta Scarlett Johansson fumando en Match Point.


Todo esto es Delantera mítica, el título elegido por Quique González para su nuevo disco, que aparecerá en febrero. Pocos lo han podido oír y pocos saben de su contenido, pero con ese título yo sé que me va a gustar.


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Corrimos por Madrid detrás de algún balón,
bebimos en los bares hasta ver el sol,
quemamos el motor, volvieron a crujir
las vías de trenes.
Besamos a traición a aquella Marilyn
con aire trasnochado de Brigitte Bardot,
nos fuimos a dormir, intacto el corazón,
y no perdimos nada.

martes, 26 de junio de 2012

El dorsal de los dioses


Si Humpfrey Bogart se hubiera dedicado al fútbol no tengo duda de que habría lucido en su espalda el número 14. Esto le habría impedido jugar en el mismo equipo que Frank Sinatra o que Jimmy Stewart, porque, como Bogart, estos dos también habrían sido centrocampistas creativos que se habrían hecho con el referido dorsal, para dar en su equipo pases de 40 metros a John Wayne, a Elvis, o a Steve McQueen, que como todos sabemos lucen el 9 (el auténtico, el falso nueve es Jack Lemmon), ya que son delanteros titulares de la Champions que se juega en el cielo del infierno (porque también sabemos todos que John Wayne está en el infierno).

Xabi Alonso es actualmente el mejor centrocampista de la mejor selección del mundo. Y eso tiene bastante mérito si tenemos en cuenta que España juega con seis centrocampistas, en vez de con tres o cuatro como los equipos que no necesitan vivir de la inercia. Con un Xavi Hernández cada vez más hastiado, melancólico y errático, y con unos Iniesta y Silva reconvertidos en delanteros por obligación, representantes junto a Fábregas de ese gran fraude que constituye la falsedad del nueve (maldito el periodista que inventó esta nomenclatura) y, todo hay que decirlo, con un imponente Busquets en la labor defensiva de la aristocracia del fútbol y como conexión con los obreros Piqué y Ramos, Xabi Alonso se ha convertido en el arquitecto de la mínima cordura que a veces aparece en el juego de España, y con cordura no me refiero a posesión ni a dominio, me refiero al gol, ya que de poco nos sirve dar cuatrocientos pases en el área pequeña si, olvidando el tiro a puerta, convertimos el pase corto en el fin último del fútbol. Alonso, 14 del Real Madrid, cultivado en Anoeta y madurado en Anfield, lleva en sus botas la clase de Jimmy Stewart, y como Jimmy Stewart fue el pasado sábado el encargado de matar a Liberty Valance (oh wait), con dos goles que, a falta de un John Wayne agazapado que pudiera disparar en el momento preciso, tuvo que resolver con un cabezazo a contrapié y un penalti tirado como se tienen que tirar. La leyenda de su dorsal, del catorce legendario, la ha ido forjando Xabi con momentos estelares como el ataque terrorista de De Jong en la final de Sudáfrica'10, el gol de rechace de un penalti al Milán en esa final de Champions en que se remontó un 0-3, o en esa épica temporada en que la Real Sociedad completó la primera vuelta de la Liga sin derrotas y acabó perdiendo el primer puesto ante el Madrid. Existen jugadores (tampoco muchos) capaces de cambiar el balón de banda poniéndoselo en la bota al extremo que está a 50 metros de distancia, pero solo Xabi Alonso lo hace sin despeinarse y sin mutar lo más mínimo la expresión de calma reflexiva de su rostro.


Cuando llegó a Madrid, Xabi llevaba el 23, porque durante el año I de la segunda era de Florentino (ver vídeo explicativo de la conjunción), quiso el destino juntarlo con otro eterno 14, José María Gutiérrez, jugador capaz de justificar toda su carrera con apenas un puñado de patadas al balón, el cual, muchas veces parecía no importarle a Guti lo más mínimo, pero que cuando la genialidad aparecía en los pies del 14 se sentía más a gusto de lo que ha estado nunca sobre un estadio de fútbol, casi como el vínculo de una fusión mística entre la bota y el césped, ya que nunca nadie ha capturado con tanta nitidez la imagen de Dios reflejada en una pelota de cuero. Durante más de una década en la que el Madrid vivió sus momentos más altos y más bajos, Guti, que nunca fue titular indiscutible, tuvo la capacidad de hacer soñar al madridista en innumerables ocasiones mágicas que, si un descreído hubiera vivido en momentos de duda, le habrían hecho recuperar la fe. Contra el talento permanente de Zidane, Guti aparecía con un pase al hueco, mejor que Ulises, o con un taconazo imposible (a Zidane / a Benzema), infinitamente mejor que Aquiles, como aparece esa media verónica de Morante de la Puebla en una aburridísima tarde de toros que, por sí sola, amortiza el precio de la entrada. Por estas cosas Guti y Xabi Alonso son eternos. Uno más regular, otro más de extremos, ambos inmortales en su oficio, llevando con orgullo el dorsal de la elegancia, el del estilo, el de la personalidad, el que mueve a un equipo, el que te discrimina dentro de la mediocridad, el de Cruyff, el del fútbol, el dorsal que llevarían los dioses si los dioses jugaran al fútbol.



PS: aunque regularmente madridista, uno también se siente de vez en cuando bético, y más cuando la tragedia se cruza por el camino de un jugador como Miki Roqué, que precisamente debutó como profesional entrando a sustituir a Xabi Alonso en un partido de Champions en Anfield, con apenas 17 años. Los béticos se levantarán, como siempre han hecho, porque eso es lo que hacen los grandes.

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Pueden no perdonarse jamás
y saben prescindir un día y otro día
de eso que se entiende por felicidad.
Y aunque ya casi no hay en qué soñar
se sienten orgullosos porque aún bailan sus almas.
Están desesperados, pero con elegancia.


ACTUALIZACIÓN: Entiéndase incluido en esta lista de catorces al gran Esteban Granero, que al momento de ponerme a escribir, durante la Eurocopa de 2012, todavía llevaba el 11 en el Real Madrid, pero que recibió el dorsal número 14 del Queens Park Rangers inglés al final del verano. La entrada de este blog "Tan joven y tan viejo" puede considerarse una segunda parte de esta misma, dedicada por entero al Pirata de la Meseta, al Jim Hawkins de la Premier.

miércoles, 13 de junio de 2012

Nacido para correr

 

Muy pocos privilegiados pueden contar entre sus logros el llevar más de 40 años de gira permanente, y dentro de ese selecto grupo en el que se encuentran Bob Dylan, los Stones, AC/DC y cuatro perros viejos más, solo uno ha sabido mantener la cordura, el jefe de todos nosotros, Bruce Springsteen. Décadas de convivencia musical acaban destrozando a cualquiera y, en ocasiones, convirtiéndolo en un simple producto más del mercado. Ejemplo, difícilmente haya personas que se profesen un odio más visceral que Mick Jagger y Keith Richards, pero son conscientes de lo rentable de su unión y, aunque llevan dos décadas sin publicar un disco bueno, convierten cada concierto de los Rolling Stones en una experiencia increíble para el público, además de en una máquina de hacer caja. Una frase publicada en Jot Down lo resume a la perfección, “no se soportan, están juntos por la pasta y son unos hipócritas, como los políticos; pero a los Stones los seguimos queriendo porque, a diferencia de los políticos, sí han hecho algo por nosotros.”
Con Springsteen no pasa lo mismo. Lleva en ruta desde 1968, y vive cada concierto como si fuera el primero (o el último). Hace apenas un par de semanas tocó dos noches seguidas en Barcelona (su segunda ciudad favorita), regalando sendos conciertos de tres horas y cuarto cada uno. Y con 63 años. Cada concierto de Springsteen es un mundo de sorpresas. Lo mismo abre el concierto con Who’ll stop the rain, de la CCR, en correspondencia al chaparrón que cala al respetable hasta las entrañas (en San Sebastián este mes de mayo) que resucita versiones que lleva 30 años sin tocar (la intro de Prove it all night, en el ya mencionado de Barcelona).


El carisma de Springsteen no lo tiene ni lo ha tenido absolutamente nadie en el mundo de la música. Siendo, como es, una superestrella de primer nivel, se entrega a su público en cuerpo y alma porque se siente depositario de tanto cariño que no puede dejarlo para sus adentros. Es un albañil del rock, el superhéroe de barrio que todos los chavales quieren ser de mayores. En cada concierto suyo se produce una comunión de agradecimiento mutuo entre el espectador y el músico que se traduce en momentos de éxtasis musical y espiritual. Dudo que esto ocurra con cualquier otro músico del mundo, porque Springsteen es inmortal. Sin ser un poeta de salón (quizás sí de asfalto) captura con sus letras y melodías a gentes de cien mil raleas, haciéndoles partícipes por unos instantes de su inmortalidad.
Este domingo los madrileños tendremos ocasión de revivir emociones con el Jefe en una gira, la primera sin el Big Man, Clarence Clemons, que está siendo única por la energía de los shows y por el amplísimo repertorio que se está trabajando. El Bernabéu (80.000 personas) se abrirá para un concierto por cuarta vez, que si mis fuentes no me fallan han sido uno de U2 (con los Ramones y los Pretenders de teloneros, se dice pronto), un bochornoso “concierto” de Operación Triunfo, y otro del propio Springsteen en la gira del Magic. En este último fui testigo de una conjunción planetaria entre recinto y músico, fundiéndose en una sola las almas de los miembros de la E Street Band y las de las grandes estrellas que han deslumbrado al Santiago Bernabéu. Springsteen cantaba Thunder Road empapado del espíritu de Raúl, de Juanito, de Butragueño, de Hugo Sánchez y de tantos otros. Y como este año además hemos ganado la liga el espectáculo promete ser épico, ya que volveremos a ver en el Bernabéu un delantero centro inmortal, un músico eterno nacido para correr.

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Waste your summer praying in vain for a saviour to rise from these streets
Well I'm no hero, that's understood
All the redemption I can offer, girl, is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow, hey what else can we do now?
Except roll down the window and let the wind blow back your hair
Well the night's bustin' open, these two lanes will take us anywhere
We got one more chance to make it real, to trade in these wings on some wheels
Climb in back, heaven's waiting down on the tracks

Oh oh come take my hand, riding out tonight to case the promised land
Oh oh oh oh thunder road, oh thunder road, oh thunder road


jueves, 27 de octubre de 2011

El rock n' roll del Madrid

Los del Barcelona tienen muchos motivos para estar contentos en las últimas temporadas, vale, pero el Real Madrid es, en fondo y forma, un equipo mucho más rockero. Lo demuestran jugadores como Xabi Alonso, Arbeloa, los ausentes pero eternos Raúl y Guti y, por encima de todos, el Pirata, Esteban Granero. Quizá algo difuminado por el estilo pastillero de los portugueses y Marcelo (tupido velo sobre la celebración del primer gol de CR7 al Málaga), estoy seguro de que el sector español del vestuario respira rock n' roll en cada entrenamiento.


Quique González, tan venerado en este blog como entre algunos de los jugadores citados, es protagonista de muchos de esos puntos de encuentro entre el madridismo y el rock. Prueba de ello es este reportaje que en su día hizo el diario As. Avería y Redención #7, disco que Quique publicó en 2007, incluía en su dedicatoria estas palabras: “un saludo para Xabi Alonso y Esteban Granero, ases del balón”. Lo curioso es que este disco se publicó cuando Xabi aún seguía en el Liverpool y Granero en el Getafe. Quizás fue la música de Quique lo que les unió en el centro del campo del Madrid, quién sabe.


Granero, además de aficionado a la buena música (eligió Born to Run de Springsteen para abrir su entrevista en RealMadridTV, como muestra de sus muchas manifestaciones de buen gusto) asiste a talleres literarios y se aventura en el mundo de la poesía. Su cuenta de twitter da fe de la sensibilidad artística y cultural que rebosa. Mucha gente especuló hace unos días sobre su salida del Madrid debido a unos tweets  que publicó en los que Alicia le preguntaba al gato Azrael por dónde había de seguir su camino en el País de las Maravillas “-Poco me preocupa dónde ir  - Entonces poco importa el camino que tomes”. Tome el camino que tome Granero va a ser el correcto, pero a muchos nos gustaría verle más minutos en el césped del Bernabéu.

Otro ilustre madridista al servicio de la música ha sido Guti, que prestó su voz al maestro Sabina en los coros de su último disco. Guti se ha ganado el afecto y la amistad de otros grandes de la música como los Pereza (con Leiva en la foto). Y muy relacionado con Guti por la amistad que les une y por ser ambos piezas importantes en el juego de ataque del Madrid de la 7ª, merece una mención especial Álvaro Benito que, tras su gravísima lesión que le apartó del fútbol, montó una banda de algo que un día pudo llegar a ser punk (hoy, desgraciadamente, son Pignoise).

¿Y el Barça qué? Todo lo que sabemos es que al ganar la pasada liga se fueron todos a celebrarlo a un concierto de Shakira, a la sazón novia de Piqué. Pena me dan. Que digan lo que quieran de tripletes, de juego de toque, de balones de oro, de cantera y de manitas, en el Real Madrid hay más rock n’ roll. 

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Piel de caramelo y dulce de manzana
cervezas sin alma y cartones de bingo.
La gente en las colas solo se pregunta
¿ganará el Madrid al Barça el domingo?
Quique González, Día de Feria