El rock and roll, ya lo dijo Loquillo, es esencialmente actitud. El rock siempre ha tenido un componente transgresor y reivindicativo, una oposición al orden establecido que se remonta a los movimientos pélvicos de Elvis. Sin embargo es de agradecer que, en tiempos tan convulsos y agitados como los que vivimos, haya artistas que dentro de una vorágine sociopolítica rupturista encabezada por nacionalistas, antimonárquicos y tertulianos venidos a más se manifiesten a favor del orden constitucional, desmarcándose de los que quieren apropiarse del rock para su discurso de camisetas verdes en la Puerta del Sol. No deja de resultar paradójico que lo rompedor ahora mismo dentro del rock and roll sea posicionarse a favor de la unidad del Estado o de la forma de gobierno. En el panorama musical español actual son pocos los que reniegan de la indignación de tipo 15M y se indignan ante el aparente pensamiento único de los músicos. Puede que tenga razón José Antonio Montano en un tuit que publicó el otro día, "en este país solo existen dos rockeros, Loquillo y Andrés Calamaro".
El viernes pasado vi a Calamaro en Pamplona. Un día antes había publicado en su web un alegato en favor de la monarquía parlamentaria y de agradecimiento al rey Juan Carlos: "¡Viva el Rey! Lo grité pudorosamente ayer tarde y lo repito hoy. Si el rock tiene reyes y la tauromaquia los tiene, España tiene uno en tránsito hacia una jubilación real. Prometí lealtad a este señor cuando me fue dada mi segunda nacionalidad y aquí estoy respetando lo prometido. Por izquierdas no me corre casi nadie, ni siquiera el coletas". Por supuesto se lió la mundial, los sectores más izquierdosos de la opinión pública le acusaron de súbdito de los Borbones y de fascista, todo ello por defender el orden constitucional que él voluntariamente eligió respetar.
Volviendo a Pamplona, el pánico cundió entre el público de la Ciudadela cuando Andrés dijo "esta canción se la vamos a dedicar a nuestro legítimo rey", horas después de su manifiesto, y durante unos tensos segundos de silencio alguno ya estaba desenfundando pistola y cuchillo, pero calmó las aguas al continuar con un "Diego Armando I, su majestad de la zurda". Sí hubo algunos pitos aislados por parte de el sector más borroka de Iruña cuando dedicó Días Distintos a la fiesta taurina, con imágenes de Morante, Talavante y Manzanares en la pantalla gigante. Mientras algunos se dedicaron a silbar a un músico al que habían pagado por ver, yo vi un derroche de energía brutal en un concierto muy grande con un repertorio lleno de clásicos, brinqué con Maradona y Sin Documentos, me abracé a mis amigos para corear Estadio Azteca, me emocioné una vez más con Paloma, la mejor canción escrita en nuestra lengua, y también con el apoteósico final con Los Chicos, en que en el vídeo aparecieron imágenes de recuerdo, entre otros, a Paco de Lucía, Enrique Morente, Antonio Vega y Enrique Urquijo. Me gusta Pamplona, la calle Estafeta y los pinchos de Okapi, con mis amigos de allí y los de aquí. Me gusta el rock y me gusta Calamaro; me gustan el "vivir dos veces" y el "algo que tener que no muchos tenemos". Y me gustan los versos de José Hernández en Martín Fierro que el Salmón dice al final de Estadio Azteca:
Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
PD: Si no me equivoco, con este post hacemos 50. Gracias, de verdad, a los que estáis ahí. Salud y rock and roll. ____________________________________ Siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón. Siento llegar el vacío total, de tu mano me voy a soltar. Dame dame dame un poco de tu amor, yo a cambio te ofrezco una montaña de horror. Dame dame dame un poco de tu amor, gimme, gimme, gimme.
En el primer número de Jot Down publicaba José Antonio Montano un artículo llamado La velocidad adecuada, en el que hablaba de los perjuicios que le había supuesto la apertura de la línea del AVE entre Madrid y Málaga. Para el gran Montano, del que se es muy fan en este blog, tener que pagar más caro por un viaje que ahorra un par de horas respecto a las antiguas cuatro y media del Talgo 200 es una muestra de retroprogreso, ya que durante este largo intervalo uno podía, por un precio muy razonable, ir a la cafetería, ver la película, mirar el paisaje manchego o andaluz, leer, charlar e incluso aburrirse. Desde que Cascos licitó el AVE que Zapatero inauguró, el viaje es el doble de caro y no da tiempo a consumar todas las actividades antes descritas, en todo caso puede uno comenzarlas y dejarlas a medias o renunciar a varias de ellas, con la consiguiente falta de completud del viaje. Hoy tengo un billete de vuelta en ese mismo tren de Montano, subiéndome en Puente Genil en vez de en Málaga, lo cual me deja algo menos de dos horas para terminar lo que pretendía con esta entrada, el tradicional repaso del año que parece que se va consolidando en este blog. Ya no se ve más que negrura por la ventana, pero a juzgar por los recurrentes taponamientos de oídos de hace unos minutos diría que el tren hace poco que atravesó los túneles de Sierra Morena y Despeñaperros. Tampoco parece que haya luna, cosa que me confirma una aplicación que hace unas semanas me descargaron, año nuevo luna nueva.
Por primera vez he pasado la última noche del año lejos de la gran ciudad, cosa que no me ha importado mucho, después de más de un lustro sufriendo cornadas de hasta 70 euros por apretarme unos garrafones en barras libres infames. Así que me vi pasada la medianoche del 31 con el primer gin tonic del año y poco que hacer, y lo único que se me ocurrió fue empezar Historias del Calcio, lo último que me falta por leer del amigo Enric González, el periodista que escribe como a mí me gustaría escribir si tuviera un blog. (El tren acaba de pasar por Puertollano, debo darme prisa) Enric González fue al primero que leí en 2013, a través de sus Memorias Líquidas, libro que, como procuro hacer yo, deben regalar a cualquiera que tenga algún interés por el periodismo. Este año he podido leer también sus Historias de algunas de las ciudades en que ha sido corresponsal, Londres, Nueva York y Roma, brillantes todas ellas. Otros dos han sido los autores de los que más he abusado en este año que acaba, Montero Glez (Pistola y Cuchillo, una especie de western flamenco alrededor de la figura de Camarón, y Huella Jonda del Héroe) y el clásico de este blog Manuel Jabois, del que he releído un par de veces Grupo Salvaje para alimentar mi madridismo irracional y, por primera vez, sus columnas gallegas en Irse a Madrid y sus vivencias como padre primerizo y neomadrileño en Manu. Tabucchi, Pla, Marsé, Antonio Luque y hasta El Hobbit de Tolkien (regresión a la infancia patrocinada por New Line Cinema) son algunas de las cosas que recuerdo haber leído los últimos meses.
Seguiría con este postureo literario que cualquier persona mayor de ocho años supera por número y calidad de autores, pero parece que pasamos por Ciudad Real hace casi veinte minutos, así que vamos con la música que esto se nos va de las manos (también les hablaría de cine, pero dada mi ignorancia y el poco tiempo de que dispongo delego ese apartado en La Llave Azul, web que encontrarán enlazada a la derecha de esta página. Me limitaré a recomendarles que vayan a ver Inside Llewyn Davis, de los Coen, que se estrena hoy 1 de enero, y que me saquen entrada que yo también quiero ir).
Dice el GPS del vagón que estamos por Los Yébenes, el pueblo de la concejala socialista esa del vídeo calenturiento y la portada de Interviú. No viene mucho a cuento, pero cualquiera se resiste a dejarlo por escrito.
No me voy a complicar con formalismos, los discos que más me han gustado de 2013 han sido:
- Delantera Mítica, Quique González. Todo lo que se pudiera decir de este disco ya lo intenté decir hace unos meses en una entrada llamada Los Mitos. Ha pasado el tiempo y sigo pensando igual, para mi gusto es el mejor disco de Quique. La gira ha sido también brutal, con una de las mejores bandas que le han acompañado en todos estos años. Yo le vi en La Riviera en primavera y en But en Navidad, y compro ya cualquier Quique que se anuncie para el futuro.
- Formas de matar el tiempo, José Ignacio Lapido. Lapido a mí me ha cogido muy tarde pero a tiempo. Ya tenía a fuego Cartografía, y hace unos días me llevé del Fnac En otro tiempo, en otro lugar y De sombras y sueños, que llevan sonando en mis auriculares todo este rato en el tren desde que me subí en la provincia de Córdoba. Son bestiales, sobre todo el primero, y amenazan con convertirse en unos de mis discos favoritos. También lo es Formas de matar el tiempo, rock de verdad, porque rock es el guitarrazo salvaje, el verso sincero y el órgano Hammond suave. Lapido es un genio en todo ello.
-Bohemio, Andrés Calamaro. Aunque no es el mejor Calamaro es muy bueno. Un disco de temazos, en especial a mí me tiene muy pillado Belgrano. Y valga para Calamaro lo dicho del rock con Lapido.
De música de fuera lo que más me ha gustado ha sido el AM de Arctic Monkeys, del que ya hablamos en su día. Eh, y este año vi en directo a Lucinda Williams, concierto del que estoy especialmente orgulloso.
Bueno, faltan 17 minutos para entrar en Atocha según el panel del coche 12, lo justo para despedirse, revisar y enviar. Espero no haberles aburrido, el tren ya va por el Cerro de Los Ángeles y la gente más impaciente ya baja las maletas y recoge los abrigos. Yo ya estoy en Madrid, la ciudad que nunca se despierta. También espero que la espontaneidad cubra otras deficiencias de estas líneas.
Parece que la velocidad adecuada no es ir deprisa o despacio, sino ajustarse al guión. Si a un mindundi le ha dado tiempo a decir estas cosas en hora cincuenta de tren, cosa de la que dudaba seriamente, seguro que a ustedes les da tiempo en 2014 para conseguir lo que se propongan, la clave es coger papel, bolígrafo y escribir un buen guión. Ya habrá tiempo para hacer borrones y corregirlo, simplemente dejen abierto el final ese que tienen en la cabeza, porque la vida sabe mejor cuando lo bueno, aunque pueda soñarse, te pilla de improviso. Gracias un año más por estar ahí y feliz año.
_______________________________________ Entre la niebla seguiré ese sendero donde te perdí. Con mis errores a modo de amuletos me voy muy lejos de aquí. Un viejo tren abandonado en vía muerta nos espera a ti y a mí. Somos sonámbulos en noche de tormenta, iremos muy lejos de aquí. - Revisado y retocado pero no adulterado el 2/1/2014 a la 1:46.
Llevo una temporada bastante curiosa en lo que a música se refiere. Paso con facilidad inusitada de un grupo a otro como quien se aprieta una cerveza tras el café con tostadas del desayuno. Supongo que hay gente que se presta con normalidad a tanto cambio, y más desde que Apple introdujo los conceptos de playlist, y reproducción aleatoria en la vida del ciudadano de a pie, pero yo, que soy un clásico, siempre he sido bastante fiel a mis épocas de concentración con los grupos. Al menos hasta hace poco. Ahora en el mismo viaje de metro me escucho a los Kinks, a Extremoduro y a Loquillo. Tengo amontonados en mi mesa lo mismo a Tom Waits y a Sabina que a Thin Lizzy, Arctic Monkeys o a Camarón. Probablemente tenga demasiado tiempo libre.
El caso es que esta dispersión de las últimas semanas me ha permitido hacer nuevos hallazgos, reafirmar/refutar teorías y abusar de mis auriculares muy por encima de sus posibilidades. Y yo, que soy muy de clasificarlo y compilarlo todo como Rob en Alta Fidelidad, lo dejo por escrito.
- Los hallazgos.
El primero ha sido AM, último disco de Arctic Monkeys. Estos tíos, que con veinticuatro años y el acné recién borrado ya han sacado cinco discos, ya han abarcado con AM todos los estilos posibles dentro del rock, tachando esta vez de la lista el glam, la balada, el medio tiempo y el blues rock. Su nuevo aire recuerda a Black Keys, dato muy favorable. Este primer hallazgo me lleva directamente al segundo: Suck it and see ("Chúpalo y verás", para los no angloparlantes), también de los monos árticos. No sé por qué se me había despistado siempre de mis escuchas del grupo, pero es para mi gusto el mejor de los cinco discos. Más alternativo, coloreado y alegre que los demás, y con temas [inserte calificativo típico de periodista deportivo, en masculino y plural] como este:
Seguimos. Me han presentado esta semana a estos señores que se hacen llamar The Lumineers.
Tocan guitarras acústicas, cellos y mandolinas, llevan unos sombreritos bastante ridículos, uno de sus componentes es una chica (singularidad histórica en este blog) y parecen puritanos ingleses recién desembarcados del Mayflower en el Nuevo Mundo, pero son buenos, los cabrones. Están entre el folk épico (¿?) de Mumford and Sons y el country de autor de Townes Van Zandt o Emmylou Harris, sin las pretensiones mitológicas de los primeros ni la sensibilidad alcohólica de los segundos. Sin exagerar, puede que haya escuchado su disco homónimo setenta veces esta semana, cosas que nos permitimos hacer los que pasamos diez horas semanales en el metro de Madrid. En este vídeo salen los chavales tocando Dead Sea, una de mis favoritas, en el patio de su casa.
Para ir terminando esta humilde sección, un breve repaso a los dos discos de rock español de nueva hornada que he escuchado últimamente, aunque solo el primero merece ser catalogado como hallazgo y como rock español. Al otro le reservo una cruel teoría algo más abajo. El bueno es el de Calamaro, Bohemio, que sin estar al nivel de Alta Fidelidad-Honestidad Brutal, porque repetir eso es imposible, tiene muy buenas canciones. Belgrano, Cuando no estás y Nacidos para correr me parecen de lo mejor de Calamaro en diez años, y una frase de Rehenes ("Un hombre es un campo de batalla") no se me va de la cabeza ni con diez copas.
El otro disco es el de Iván Ferreiro, del que lo que más me gusta es el nombre: Val Miñor - Madrid, Historia y Cronología del Mundo. Un par de canciones no me disgustaron, aunque solo recuerdo una llamada El dormilón. El resto me vino muy bien para echar una agradable siesta.
Bonus track: De lirios y de éxtasis - Carmen Boza. Una versión de esta canción ha supuesto la primera incursión de mi grupo en el rock pornográfico (por la letra, no piensen mal), si es que existe el género. Su voz, la canción y la propia Boza, que está de muy buen ver, calientan a cualquiera.
- Las teorías.
De hecho, más que teorías, son simples reflexiones más o menos punzantes contra algunos músicos por dar la brasa, pero como en este blog somos muy liberales con los títulos y los rótulos, dejémoslo en teorías.
Han hecho falta unos Lumineers para que me cuestione si Mumford and Sons realmente molan. Los paralelismos son inevitables, por razones tanto éticas como estéticas, pero las canciones sin pretensiones de los primeros resultan mucho más veraces que las composiciones bíblicas de los segundos. La sencillez es una virtud, y el problema de Mumford es que quieren convertir cada canción en una mezcla entre cantar de gesta e himno nacional. Y tanto banjo acelerado acaba cansando a los oídos desentrenados de este lado del Mississippi.
Matizo: Mumford me gustan, tienen muchas canciones muy buenas, pero tampoco conviene abusar de ellos, a riesgo de convertirse en un moderno con tirantes, camisa de cuadros y pantalones por dentro de las botas. Para los no iniciados en el grupo británico son muy recomendables Winter winds, The cave, Holland road o Hopeless wanderer. Toda esta historia de amor-odio con Mumford and Sons viene de la experiencia traumática de su concierto en Vistalegre, probablemente el peor recinto de conciertos del mundo. Nunca vi una organización tan lamentable (1000 personas en la pista, con aforo para 4000, y overbooking en las gradas) ni tanta indolencia ante los problemas de sonido, y eso que una vez vi cómo a los Who se les iban los plomos del Palacio de los Deportes a mitad de Who are you y seguían tocando sin darse cuenta. En fin, para responder a la cuestión inicial, Mumford and Sons molan. Sin pasarse, pero molan.
La siguiente teoría se titula "si haces una canción con un solo acorde, esta tiene un 99 % de posibilidades de ser una mierda", y sigue una distribución normal de cuya aplicación quedan excluidos Bo Diddley, Whole lotta love y God's gonna cut you down. Estoy hablando de Iván Ferreiro. Pensándolo bien, la teoría se podría llamar "cómo pasar de tener un grupo molón en los 90 a ser un músico en solitario medio decente y acabar convertido en una mojigata caricatura de ti mismo". Los Piratas, que para mi hermano son "el grupo vigués segundón", eran originales, virtuosos y algo macarras; muy buenos, en definitiva. Prueba de ello son Mi matadero clandestino, Promesas que no valen nada, El equilibrio es imposible o la mejor versión de un grupo español que yo he oído de My Way.
El primer Iván Ferreiro post-Piratas, tras una cura de valium y una tarde loca en que se llevó todas las camisas de cuadros del Springfield, sacó un buen disco con una buena banda llamado Canciones para el tiempo y la distancia, con hueco para alguna maravilla como Turnedo o Ciudadano A, y le regaló a Quique González una gran colaboración en Vidas Cruzadas. Al margen de estas excepciones, y hasta hoy, el último Iván Ferreiro se ha dedicado a meter en sus discos referencias al ciberespacio y al Sistema Solar, germanismos y demás flirteos con el gafapasteo más alucinógeno, con algún momento de lucidez como cuando llamó a un disco Confesiones de un artista de mierda. Esta deriva nos lleva al ya citado Val Miñor - Madrid, Historia y Cronología del Mundo, una psicofonía plana de una hora de duración, muy recomendable para sustituir a los documentales de la 2. Para concluir, Iván Ferreiro moló, en pretérito perfecto. El futuro en sus manos.
En fin, después de haberme despachado desproporcionadamente con el pobre Ferreiro (en el fondo le apreciamos, como ya escribimos un día por aquí) solo me queda pedir que alguien me recomiende unos buenos auriculares nuevos para mis viajes en metro, que como pueden ver dan para mucho. Cuando los consiga, este post quedará justificado.
__________________________________________ Un hombre es un campo de batalla, si no se calla es una revolución de claveles. Vayamos pintados con sangre de los dos, siempre, siempre. Entonces era la libertad, a veces mataría por cinco minutos más. Entonces era la libertad, ahora me toca huir a mí, nene.
Hoy he vuelto a Radio City, uno de esos rincones de los que quedan pocos en Madrid. Sita en la Plaza de la Guardia de Corps, en la Malasaña occidental, Radio City es una de esas tiendas de rock-and-roll-actitud donde se respira música en vez de prisa, que es lo que se respira en las grandes superficies. La tienda, modesta donde las haya, cobija en sus 10 metros cuadrados un repertorio de discos que, de tan exquisito, desborda todo conocimiento musical que cualquier melómano hubiera anhelado nunca.
Iba yo a Radio City con la intención de liquidar los perentorios regalos de Navidad y para recoger un disco encargado que Spotify ya me ha vetado de tanto darle al play, por lo que ya iba siendo hora de hacerse con él. Se trata del Third / Sister Lovers de Big Star, la menos reconocida de las grandes bandas de la historia, al menos en un país de bisbales y sergioramos como el nuestro. Y con "grandes" hablo de las diez más grandes, perdonen la osadía, por entidad y por la grandísima influencia sobre bandas posteriores como REM, Jayhawks o Wilco (Kangaroo, de 1978, es la cosa más parecida a Wilco que yo conozca, y veinte años antes de Wilco). Big Star es el punto donde se conectan los sonidos de los Beatles, los Stones, la Velvet Underground y la Creedence, sintetizando en sus discos guitarrazos de rock clásico, country suave y hasta algún matiz de psicodelia experimental, con protagonismo siempre de la melodía, que tanto cultivó su líder y principal vocalista, el inconmensurable Alex Chilton. Big Star sacaron tres discos en los 70, antes de separarse para los siguientes lustros, #1 Record, Radio City (¡eh, como la tienda!) y el ya referido Third. De Radio City, que pasa por ser uno de mis discos favoritos, es de lo que yo quería hablar. Es difícil encontrar mayor concentración de temazos en un disco, entre ellos varios de los mayores éxitos de la banda, como Back of a Car, Life is White, Way Out West o, über alles, September Gurls. Disco imprescindible Radio City, emblema del denominado power pop y seguramente uno de los mejores trabajos de la historia del rock.
Hago desde aquí un llamamiento a la humanidad para que haga apología de las tiendas de discos pequeñas -God save little shops-, por un mundo con una Radio City donde te puedas comprar el Radio City (sospecho que en El Corte Inglés nunca ha estado en stock). Tiendas con torres de vinilos apilados, como la de Rob en Alta Fidelidad, que luchan por sobrevivir a las demandas de la masa que llena los conciertos del Pablo Alborán ese. Tiendas en las que te pueda pasar lo que a mi hoy en Radio City: estar buceando en la colección de folk sesentero y que aparezca el maestro Andrés Calamaro, malasañero insigne del Plata, dispuesto a cogerte del brazo y agradecerte que le pidas una foto. Id a Radio City amigos, que por cierto se muda para año nuevo unos metros más allá, a la calle Conde Duque. Id a Radio City porque, mientras existan en Madrid tiendas así, la música tendrá un buen refugio donde resguardarse de la tormenta.
__________________________________ Lo esconden de las luces y los focos, lo mezclan con reclamos comerciales, lo repudian como a un virus contagioso, pero vuelve a perderse por los bares. Pero no olvides, no traiciones lo que siempre te ha hecho vivir. No olvides, no traiciones lo que llevas muy dentro de ti, porque no muere jamás tu rock and roll actitud.
No sé si esto se acabará convirtiendo en una especie de sección dentro del blog, porque da para eso y más, pero siempre me ha parecido curioso el que dos canciones compartan título o repitan recurrentemente una misma frase. En muchos casos es intencionado, en otros es mero producto del azar. Dentro de este grupo están las canciones que repiten una frase tan simple que parece difícil que si coinciden sea a propósito, pero a uno se le mete en la cabeza y la escucha en todas partes. Es el caso del Te vi. Esta es una canción escrita por César Pop y Rubén Pozo (de Pereza), no publicada en ningún disco, y que no he conseguido oír más que en una versión en directo en YouTube. En cualquier caso, esa canción es una de esas que te persigue allá a donde vayas, que te hacen tanta gracia que no las puedes dejar de escuchar. Como explica el propio Rubén, el Te vi está escrito a partir de una columna de El País de los viernes, en la que la gente publica unas líneas sobre miradas cruzadas con desconocidos en el metro o por la calle. Rubén y César Pop de hecho mandaron la primera estrofa de la canción al periódico, y se la publicaron. El de la Alameda lo dice todo cuando habla sobre la canción: <<No es que sea muy buena, pero es un “Te vi”>>.
El segundo Te vi en realidad no se llama así, se llama Un vestido y un amor y es de Fito Páez, aunque repite las dos palabras mágicas innumerables veces a lo largo de la canción. Una vez oída esta canción los te vi empezaron a aparecer en todas las canciones que escuchaba; casi todas ya las conocía, pero todavía me sigo sorprendiendo a veces cuando descubro o me enseñan una nueva. Por decir algún otro te vi, están Todo lo demás, de Calamaro (esta canción también tendrá su propia entrada en Canciones Paralelas), con su “te vi quemar el pasaporte con rabia”; y dos de Quique González: (te vi bailar) Bajo la lluvia y Algo me aleja de ti, que en realidad no es de Quique sino de José Ignacio Lapido.
Hay muchas canciones paralelas; estas consiguieron que cada vez que oigo una canción nueva vaya a la caza de un nuevo te vi.