miércoles, 31 de julio de 2013

Summertime blues


Me voy al sur, como siempre. Me voy a tierra de fandangos, plateros, carabelas, coquinas y vino del condado. Y me voy sin saber si el billete de vuelta es el que me lleva hasta allí en tren o el que me devolverá a Madrid en unas semanas. Mi equipaje las wayfarer, uno de Pla para el tren, mi viejo sombrero y la guitarra flamenca, que nunca se sabe.


Llevo varios meses sin pasarme por aquí, y que lo haga ahora no obedece a ninguna razón especial, simplemente pensé que ya era hora de desempolvar este rincón. Me pasa como a los cuadros, como cuenta Baricco en Novecento, que en un momento indeterminado del tiempo simplemente deciden desprenderse del clavo que los mantiene colgados de la pared y arrojarse al vacío, nadie sabe por qué motivo. Al principio fueron los exámenes los que impidieron escribir, y como algunos somos reincidentes en el asunto de acumular convocatorias ese período se dilató más de lo previsto. Así las cosas, me puse como objetivo sacarle lustre al blog en cuanto me dieran las vacaciones, pero llegó el momento y me di cuenta de que no sabía de qué hablar. El motivo lo desconozco, quizás no encontraba por dónde empezar, o quizás me haya dado cuenta de que existiendo en el mundo tanta gente que escribe tan bien resulte vano que yo emborrone el ciberespacio desde estas líneas. Temas de que hablar no han faltado durante mi gran silencio. Se ha ido Mourinho, que es como si se va el padre a por tabaco y no vuelve más. He visto tocar a una embaucadora Lucinda Williams y al colega Quique González (again and again), cada vez más grande. He bebido los combinados británicos transparentes de siempre y he batido más de un récord de resistencia alcohólica que no viene al caso. He leído a Jabois, mucho, a Montero Glez, el cuarto número de Jot Down (el mejor hasta ahora, para mi gusto), a Antonio Luque, a Cormac McCarthy, a Tabucchi y, entre algunos otros, a un profesor mío de economía, novelista por afición, que tuvo los cojones de firmarme "para Eduardo, un gran alumno" una semana después de suspenderme con un indecoroso 3. He empezado y a buen ritmo a ver los Soprano, empujado por los acontecimientos y con varios años de retraso, y aunque no he visto tantas películas como me habría gustado (a pesar de la insistencia de Posts desde el Subsuelo) he visto Searching for Sugar Man, que por sí sola justifica cien años. Cualquier tema de estos daría para uno o varios posts en este blog, pero la vida está para vivirla, no para escribirla.


Estamos a mitad de verano y yo me voy de la ciudad, como espero que hagan también ustedes, y si no pueden siempre  les quedarán el Summertime blues de Eddie Cochran, Todos se van de Calamaro y Marilyn Monroe en La tentación vive arriba.


El verano está para comer y beber bien, para frecuentar a las personas que merecen la pena, para escuchar en bucle Salitre48, para tirarse indecentemente en la arena a leer libros de gran tonelaje y ver pasar a las chicas en bikini parapetado tras las gafas de sol, actividades tan inseparables de esta estación como despertar de pronto de la siesta a media ascensión del Tourmalet. En definitiva, para intentar cumplir cientos de propósitos veraniegos acumulados durante el año. A mí me podrán encontrar durmiendo la resaca en las dunas de alguna playa onubense o entre las rocas de una cántabra, en alguna cuneta de la campiña cordobesa o en algún tugurio inmundo de Madrid porque, a diferencia de los que se arriman al sol que más calienta, a mí en las tabernas, así como en el fútbol y en la vida, siempre me ha gustado sentarme con la canalla.

En fin, voy cerrando la ventana que se me va el tren. Aunque últimamente no me pase mucho por aquí sé que de vez en cuando hay quien sí lo hace, razón suficiente para esbozar una sonrisa de agradecimiento. Dejo, para que nadie se queje, una playlist con las canciones que forman la banda sonora veraniega de este blog. Disfruten de lo que queda de verano y procuren ser felices.

                                           
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Te acariciaba el viento de poniente, te llevó a la arena bañada en salitre.
Te acariciaba marinero en tierra, pero esta vez no era yo.
Te conocí en Conil de la Frontera, nunca es primavera donde tú creciste.
Sigues teniendo carita de pena, pero no me mires con tus ojos tristes.
Bañada en salitre, flota en la memoria de los días grises.
Fumo en la ventana, veo tu silueta sobre el arrecife.
Algunas flores crecen en las dunas, sube la marea, se hacen invisibles.
Algunas duermen a la luz de la luna persiguiendo sueños imposibles.

Ahora tendré que salir a buscarme, alguien que me arranque de cuajo la pena.
De alguna manera tendré que olvidarte, tengo que olvidarte de alguna manera.

domingo, 3 de marzo de 2013

Los mitos

Los ídolos. Esos seres más imaginados que reales, en los que depositamos más de lo que, posiblemente, cualquier persona de carne y hueso puede cargar, en los que proyectamos, seguramente, todo lo que no alcanzamos a tocar con los dedos de las manos. 
Fernando Navarro, La Ruta Norteamericana.


Sucede hacia la mitad de la canción. Después de sonar el estribillo -he caído en todas tus trampas pero te llevo en el corazón-, y de esas inconfundibles seis notas de piano que recurrentemente van apareciendo en el tema, como para coger aire, brota un leve solo de guitarra, punteado sin estridencias, mientras los platillos que se suman al ritmo dan más vida a la canción. No es un solo complicado ni largo, las notas se van sucediendo con una armonía lógica, casi evidente, en cuya sencillez se encuentra su belleza. Entonces, mientras el último bending se apaga, aparece la voz de Quique González: Fuimos una delantera mítica, y lo entiendo pase lo que pase porque te llevo en el corazón.
A decir verdad, este momento condensa muchas de las emociones vertidas en un disco, Delantera Mítica, que amenaza convertirse en clásico instantáneo. No sé si será el mejor de la carrera de Quique González, puede ser, pero poco importa eso, ya que a niveles como en los que Quique se mueve es absurdo establecer jerarquías. El día que busques melodías de seda necesitarás Salitre48, cuando alguien te haya dejado algún vacío por dentro (o lo haya llenado) pincharás el Kamikazes y cuando, nostálgico, lo que quieras es recordar lo que fue, lo que ha cambiado, los amigos frecuentados, las chicas despedidas o, en fin, los mitos del pasado, será entonces cuando Delantera Mítica se convierta en el disco que necesitas, en la banda sonora de tu momento vital.



Intencionadamente me he tomado unos cuantos días para escribir sobre Delantera Mítica, los suficientes para memorizarlo, para buscar paralelismos en las letras, para juguetear con la guitarra por encima de las melodías, para oír otros discos con los que compararlo, asistir a conciertos para contrastarlo y pasear por la calle para dibujarlo. Me ha dado tiempo hasta de cansarme, airearme y después recuperarlo mejor, como si lo hubiera dejado cocinándose en el fuego. He acabado convencido de una verdad que en realidad ya sabía, pero que quería fingir desconocer para recibir lo nuevo de Quique González temblando como si fuera la primera vez, como si no fuera su noveno disco y no supiera con qué me iba a encontrar. Y esa verdad es que, en el oficio de los que hacen canciones, muy pocos tienen la habilidad de Quique González para emocionarnos una y otra vez con su música. El Quique de Delantera Mítica es más como siempre que nunca, un genio que nos demuestra de nuevo que su música tiene el techo fuera de este planeta. Grandes letras, como siempre, melodías memorables en las que César Pop y Leiva han tenido su parte de culpa, interpretaciones colosales de los subalternos, la voz de Quique en el punto álgido de su carrera y la inmejorable producción de Brad Jones, ese tipo que nos ha convencido de que si algún día queremos grabar un disco debemos hacerlo en Nashville. Junto a la pasión con la que Quique se entrega a sus canciones, estos son los factores que convierten Delantera Mítica en el disco mítico que ya es.


Pudiendo escucharlas, escribir de las canciones es casi una blasfemia, pero en este blog siempre hemos sido muy profanos. Tenía que decírtelo es un brutal comienzo rock para el disco, donde las imágenes cinematográficas se suceden entre los salvajes solos de guitarra y el no menos impresionante trabajo de Brad Jones al bajo. Esta canción es buen ejemplo del simbolismo que inspira todo el disco, con esas escenas de casinos, cines, vestidos de novia y striptease tan propias del imaginario de Quique. La fábrica es muy del estilo musical de Leiva y César Pop, una melodía directa y alegre con guitarrazos pop de altísima calidad, probablemente mi favorita del disco. Esa obra maestra llamada Dallas-Memphis es, hasta donde yo sé, la primera canción de Quique que incluye un guiño al baloncesto, deporte del que le sabemos muy aficionado ya que el disco está dedicado a un quinteto de lujo formado por los exmadridistas Raúl López, Axel Hervelle y Álex Mumbrú (ahora los tres en el Bilbao Basket), la también mítica Amaya Valdemoro y Asier García. Las tres de la mañana, Dallas-Memphis; esa frase me hizo quedarme el miércoles pasado despierto hasta las tantas para ver a los Mavericks contra los Grizzlies, Nowitzki contra Gasol, misión que no pude cumplir por culpa del sueño, lo siento Quique. En el disco también encontramos buenas píldoras de rock callejero como ¿Dónde está el dinero? y Viejos capos, una reflexión sobre la crisis eterna y otra, una vez más, sobre los ídolos y los mitos. Parece mentira es el Mary Jane's last dance de Quique, con una cadencia y un guitarreo muy a lo Heartbreakers. En Las chicas son magníficas Quique se marca la que para mi gusto es la mejor interpretación vocal de su carrera, aderezada con los coros de Zahara la de la voz dulce, que también acompaña en Me lo agradecerás -cuando te vuelva el corazón a su sitio-. La anteriormente conocida como Grupies eléctricas (de la que hablé aquí hace pocas semanas cuando, en mi ignorancia, desconocía que aparecería en Delantera) se llama aquí No encuentro a Samuel, que enlaza con esa historia de Quique con su perro Sam, Avería y Redención y las gafas de Mike. Bonita canción sobre la amistad con un perro que cuando su dueño le busca se larga de perras. No hagas planes emociona con su buena dosis de frases "lapidarias" -te roba un pensamiento y va atravesando el plano real- y unos arreglos ambientales místicos. En las postrimerías llega la ya referida Delantera Mítica, la canción para los amigos de Quique, honor del que todos los que seguimos su música nos sentimos aunque sea un poco partícipes, ya que él ha puesto la banda sonora de muchos momentos importantes de nuestras propias vidas. Cierra el disco la versión de uno de los ídolos de Quique, bendita costumbre que tras Diego Vasallo (La vida te lleva por caminos raros, en Avería y Redención) y Lapido (Algo me aleja de ti, en Daiquiri Blues) tiene por elegido al maestro, a lo que Quique habría sido de nacer en Minnesota, un tal Bob Dylan. Es difícil adaptar una canción del calibre de Is your love in vain?, pero Quique consigue hacerla suya y llevarla a su terreno con una instrumentación más sencilla y un sentimiento de trascendencia que pocos saben imprimirle a su música. El epílogo perfecto para un disco difícil de repetir.


Después de Delantera Mítica es difícil distinguir dónde estará el límite de Quique González, un ídolo para cada vez más gente, un mito que hace pocos años se lo jugaba todo en garitos pequeños y que hoy es número uno de las listas de ventas. Los que le seguimos la pista desde hace ya unos cuantos años sabíamos que llegaría un momento en que el mundo acabaría reconociendo el valor de este músico, aunque con ello perdiéramos ese ápice de exclusividad que nos hacía sentirnos tan privilegiados por disfrutar de sus canciones. Suum quique tribuere, Quique se ha ganado con el trabajo de más de una década el derecho a ser identificado como el músico más en forma de España no solo por unos pocos, sino también por el gran público. ¿Y a partir de ahora qué? La capacidad de Quique González para escribir canciones tan grandes parece no tener fin, y su inspiración parece manar de una fuente que no se agota nunca, así que disfrutémosle mientras podamos, que podemos estar seguros de que volverá. Mientras tanto, nos vemos en la carretera.


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Me creía toda la película,
he caído en todas tus trampas
pero te llevo en el corazón.

Fuimos una delantera mítica
y lo entiendo pase lo que pase, 
porque te llevo en el corazón.

A decir verdad había química
y te espero cuando todo estalle
porque te llevo en el corazón, 
porque te llevo en el corazón.

domingo, 24 de febrero de 2013

Anything that's rock and roll


El viernes se anunciaba en la Penélope un tributo a Tom Petty, allí nos plantamos. Los allí congregados, que no superaban el centenar de personas, debían de ser la suma de los colegas y familiares de los músicos y algún incondicional fetichista del viejo Tom (personajes estos últimos que yo cifro en unos cinco o seis en el área metropolitana de Madrid, ataviados todos ellos con sombrero tejano y el collar de calavera). Completábamos la reunión algunos pocos nostálgicos que supimos del concierto por las redes socialistas, lo suficientemente frikis como para asistir pero no lo bastante como para no tener que pagar entrada. El público es al que yo imagino incondicional de este tipo de eventos, lo mismo de un homenaje a Antonio Vega en Clamores que de un tributo a Radio Futura en Galileo. Que si Álvaro Urquijo por aquí, que si Rafa el del Jazzville por allá... vamos, el circuito madrileño de supervivientes de los ochenta.

De la banda brilló, y mucho, el ínclito Ramón Arroyo de los Secretos, mostrando una soltura tremenda con los temas de Petty. La otra figura que yo conocía era el batería Toni Jurado, si un tiempo Taxidriver y escudero de Quique González, ahora de la banda de Rebeca Jiménez. Un terremoto a los tambores, siempre con las gafas de Mike puestas (en la canción él era Johnny), Toni Jurado se merece todos mis respetos por haber marcado el ritmo en unas cuantas de mis canciones favoritas. Por resumir, los que en el concierto tenían el rol de los Heartbreakers no solo cumplieron con su parte, sino que demostraron una solidez enorme interpretando temas ajenos. Fue el que debía hacer de Tom Petty el que flojeó, un cantante fondón que, atril con las chuletas en ristre, intentó defenderse como pudo en el repertorio del de Gainesville. Pero vaya, una noche de rock en Madrid es una noche de rock en Madrid y... ¡joder! ¡si es que las tocaron todas! The Waiting, Learning to fly, Refugee, Breakdown, Into the great wide open, Handle with care de los Travelling Willburys y hasta se atrevió Álvaro Urquijo con Don't do me like that, quizás la mejor de la noche. Canciones de Tom Petty y minis de cerveza; noches de rock en Madrid, benditas sean.

PS: Volveré pronto, que hay mucha Delantera Mítica de la que hablar.
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Some friends of mine and me stayed up all through the night
Rockin' pretty steady till the sky went light
And I didn't go to bed, I didn't go to work
I picked up the telephone, told the boss he was a jerk

So c'mon baby let's go
Dom't you hear the rock and roll playin' on the radio
Sounds so right, girl you better grab hold
Everybody's got to know
Anything that's rock and roll's fine
Anything that's rock and roll's fine

domingo, 20 de enero de 2013

Para qué discutir si puedes pelear



Como cuando te bebes diez kilómetros de gin tonics de los buenos, sin florecillas y sin mierdas, y la resaca del día siguiente sabe mejor, así estoy yo después de ver anoche Django Unchained, con el estómago lleno de la ración de masacre, holocausto y rojo amanecer que me tendrá satisfecho hasta el próximo estreno de Tarantino. ¡Ha metido Ain't no grave de Johnny Cash en una película! ¡Y rap! ¡Rap de los guetos de Detroit en un western! En cualquier otro director (salvo los Coen) esto sería una pretenciosa maniobra de postureo execrable, pero a Tarantino se lo perdonamos porque, precisamente, para ver magníficos cuadros de violento postureo cinematográfico es para lo que hemos pagado ocho pavos. Este es el tío que nos enseñó a rociar a nuestros enemigos con gasolina después de cortarles la oreja, el que acabó Kill Bill con Malagueña salerosa, el que reinterpretó la historia moderna acribillando a Hitler en un cine en llamas, ¿cómo no le vamos a perdonar?


Django está a la altura. Sigue el estilo narrativo de Malditos Bastardos y, sin ser el primer western de Tarantino, es el primero ambientado en el Oeste. Música de Ennio Morricone, cuidadísima fotografía, grandes interpretaciones (sobre todo Cristoph Waltz), humor negro tan de la casa y violencia, mucha violencia. Siendo la destrucción masiva algo tan habitual en Tarantino, en Django las escenas de ajusticiamientos probablemente ocupan más tiempo que en sus películas anteriores, sobre todo en la segunda parte de la película. La primera parte, claramente diferenciada, es más amable (dentro de la tónica general de disparos a bocajarro y sangre manchando flores de algodón); la primera hora a mí me recordó mucho a O'Brother, dos forajidos que recorren los Estados Unidos en busca de la salvación, persecuciones de encapuchados, esclavos negros unidos por sus cadenas y mucha música country. Ahora, como con cualquier otra película de Tarantino, si no pueden soportar litros y litros de sangre, jaurías de perros descuartizadores ni metal candente sobre la piel desnuda, mejor esperen a que Disney saque la versión para niños.
Las películas de Tarantino son una forma de devolvernos a un estado primitivo y neandertal de la evolución, nos plantea la violencia como lo que es, una faceta natural del hombre, un botón que es necesario pulsar de vez en cuando para descargar la ira y seguir funcionando sin cortocircuitos. Él lo lleva al extremo, sus personajes luchan por un ideal remoto despojándose de toda moral por el camino, pero nos hace darnos cuenta de que la vida sin violencia no sería lo mismo, y que a veces es mejor pelear que discutir. Suele ser el camino más rápido.


"Yo secundo la moción, ¡pero con violencia!" (Homer Simpson)

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There ain't no grave
can hold my body down.
There ain't no grave
can hold my body down.

When I hear that trumpet sound
I'm gonna rise right out of the ground.
Ain't no grave
can hold my body down.

miércoles, 16 de enero de 2013

Ajuste de cuentas: 2012


Con el papel de envolver de este 2013 ya en la basura desde hace días, vuelvo a vosotros tras la tempestad de unas semanas en que las obligaciones han ocupado prácticamente todo mi tiempo. Y vuelvo para ajustar cuentas, ya que llevo desde la oleada de posts de diciembre con un tema en la cabeza, que es de todo menos original. Se trata de dejar por escrito, tras la deliberación y el concilio debido, los que para el que escribe estas líneas han sido los mejores discos del 2012. Si el año pasado me quejaba de falta de material y decía que nuestros ídolos estaban muertos, no puedo decir lo mismo en esta ocasión; ha sido un gran año en lo musical y, por suerte, hay mucho donde elegir, aunque por economía procesal voy a reducirlo todo a dos categorías supremas, mejor disco español y mejor disco internacional. En España hemos disfrutado (aparte del #1 de la lista, para el que mantengo una ficción de suspense) de La Nave de los Locos, el brutal último disco de Loquillo, Diciembre el brillante debut en solitario de Leiva, buenos trabajos de Rubén Pozo y M Clan y agradables descubrimientos como el de Jorge Marazu y su disco La Colección de Rejoles (descubrimiento que, como otros muchos, debo a Esa Canción me Suena). Más allá del Atlántico y del Cantábrico también se han puesto las pilas y han vuelto los de siempre, los que nunca (o casi nunca) fallan. Hemos tenido grandísimos nuevos discos de Springsteen, de Neil Young, de Van Morrison, de Leonard Cohen, y además los Stones han vuelto a tocar. También han publicado magníficos discos artistas de menos de 60 años como Mumford & Sons, Ryan Adams y John Mayer, pero como en este blog tenemos mucho respeto por nuestros mayores entramos directamente en materia con el que, para Billete de Vuelta, ha sido el mejor disco internacional:

Bob Dylan, Tempest.


En una canción no publicada llamada Groupies Eléctricas, Quique González decía "resucité de nuevo oyendo Modern Times, ¿cómo ha podido hacer algo tan bueno?". Parecía mentira que un señor de 65 años que había publicado 33 discos antes y compuesto muchas de las mejores canciones de siempre pudiera seguir haciendo cosas así. Pues bien, con 71 llega el señor Dylan y publica un disco todavía mejor: Tempest.  La vida de los grandes es una superación permanente de los límites marcados con anterioridad y una habilidad para reinventarse, volver mejor y ser más como siempre que nunca. El disco repasa muchos de los registros que Dylan ha cultivado a lo largo de su carrera, blues de estilo antiguo (Early roman kings), baladas lentas (Soon after midnight, Long and wasted years), rock n' roll de estilo Highway 61 (Narrow way) y composiciones casi bíblicas como Tempest y Roll on John. Mi favorita es Pay in Blood, un rock que me vuela la cabeza, sublime. No sé si a estas alturas se podrá permitir Bob Dylan ser pródigo en giras interminables por nuestro entorno, pero nos ha sorprendido ya tantas veces que no debería extrañarnos que presentara Tempest en directo en algún lugar cercano, ocasión que deberíamos aprovechar para acudir en peregrinación a rendirle pleitesía.

Y en cuanto al mejor disco publicado en España en 2012, the winners are:


Los Madison, Compás de Espera.



La verdad es que no tuve dudas en este campo, con sus tres discos Los Madison se han convertido para el abajo firmante en una de las referencias del rock español de los últimos años, y esperemos que también de los próximos lustros. El sonido de la banda es imbatible, y el talento de Txetxu Altube a la hora de componer y de interpretar está al alcance de pocos. Compás de Espera es un disco bestial, detallista pero directo a la vez, con canciones que mejoran a cada escucha mostrando nuevos matices de rock. Como en Tempest, la variedad es una cualidad, y lo mismo encontramos temas rápidos y guitarreros como Jamás, Dividido y Sígueme despacio, lugares intermedios como la sesentera Me estoy vendiendo mal y canciones más pausadas como Entre tú y yo y Casi siempre, además de una colaboración estelar como es la de Miguel Ríos en Juego Sucio. Para mí, las joyas son la propia Compás de Espera, llamada a ser icónica en el repertorio de Los Madison; Ropa Nueva, en la que colabora el quinto Madison, el maestro César Pop, compañero de mil batallas con Txetxu; Skyline, que tiene unas progresiones melódicas y unos silencios entre riffs que valen su peso en oro; y una versión que, por lo menos, iguala la versión original, Lo que Queda, escrita por César Pop (¿de las tres mejores canciones escritas en España en los últimos veinte años?), que en manos de Los Madison suena más rápida y guitarrera que en la versión del asturiano de la Alameda de Osuna. Lo ha dicho Txetxu varias veces a través de las redes, 2012 ha sido un año inolvidable para Los Madison, ya que además de lanzar un disco como este pudieron gozar de noches memorables como en la que llenaron los Teatros del Canal de Madrid. Por el bien de los que nos gusta esto de la música, que Los Madison sigan tan en forma como el año pasado.

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He tirado mi fondo de armario,
ya no voy buscando ropa nueva.
Ando recorriendo el vecindario
y no soy el único alma en pena,

Siempre he sido adicto a las canciones,
no voy a dejar de darles cera.
Ojalá lloviese para siempre
para almacenarme en la nevera.

Si no estás aquí me invento tu mirada
y me haré creer que tú me recordabas
desde siempre,
como siempre.

lunes, 24 de diciembre de 2012

La Navidad supera la ficción


Una de las primeras veces que recuerdo ir a la Alameda de Osuna, en la misma calle donde está la salida del metro, mi amiga allí residente me hizo ver una pintada en la acera que rezaba así: "La Navidad supera la ficción". Esa frase se quedó grabada en mi cabeza y, desde entonces, no ha dejado de hacerme divagar sobre su significado. La Navidad supera la ficción... Uno piensa en las calles del centro con sus luminarias kilométricas, en la gente que se agolpa en los grandes almacenes pugnando por llevarse el perfume de más alta graduación, y desde luego ve cómo, con toda crudeza, la Navidad supera la ficción de paz y amor. O acaso el misterioso graffitero de la Alameda de Osuna se refiriera al sentido que desde ciertas élites se quiere quitar a estos días, a propósito de las felicitaciones de contenido religioso. Manuel Jabois, ateo, lo replicaba así en un artículo llamado Felices Fiestas"Uno de ellos (los problemas derivados del ateísmo militante de Jabois) tenía que ver con la Navidad, que solventé convenciéndome que aquello era una larguísima tradición fundada, a mi juicio, en un mito, pero que celebraría porque está incorporada a la genética de mi cultura, y también porque soy un poco alcohólico (...). ¿Y por qué Felices Fiestas en diciembre?, habría que preguntarle a su señoría, ¿y no en agosto? Las familias se reúnen a cenar el día 24 de diciembre por un nacimiento en el que unos creen y otros no, pero negar los orígenes de la Navidad y refundarlo todo es como esa ridiculez del bautizo ateo, que cuando se lo propuse a mi madre por pesada contestó que dejase al niño mejor así «por no llamar la atención del diablo»".
Hasta aquí mis reflexiones que, como pueden ver, ni siquiera son propias, que cada uno interprete lo que quiera de la pintada de la Alameda, que para eso está impresa en suelo de dominio público.



Yo nunca fui muy de peces en el río, bebiendo y bebiendo hasta la cirrosis y el paroxismo. Nunca me gustó mucho la tradición castiza de coger panderetas de plástico, zambombas húmedas y guitarras con dos cuerdas de menos con el objeto de cantar la Navidad con villancicos que versan sobre ratones que entran al Portal, remiendos y chocolateras. Reniego. Yo siempre creí en esa Navidad en blanco y negro de Central Park, con la nieve cayendo sobre los patinadores del lago mientras suena Bing Crosby, Louis Armstrong o Frank Sinatra. Qué le voy a hacer, me gustan más los villancicos de los americanos, que casan perfectamente con una postal nocturna de la Gran Vía de Madrid, nuestra pequeña Quinta Avenida.



Y yo, que simplemente quería felicitarles la Navidad, qué manera tengo de enrollarme y de acabar hablando siempre de Jabois o de Quique González. El año pasado tiré por lo profano y mi felicitación fue Santa Claus is coming to town, en voz de Bruce Springsteen; este año vamos por lo sacro, les dejo con otro villancico de los míos, Jesus Christ, de Big Star. Desde Billete de Vuelta les deseo una Navidad larga y muy feliz, y también que lean buenos libros, ni de autoayuda ni de presentadores de televisión, que escuchen grandes discos y se sirvan los gin tonics con la precisión adecuada. Que se resguarden cuando se ponga a llover y se sepan mojar cuando sea necesarioQue envuelvan sus problemas en sueños, se manchen las manos de Navidad y que esta supere la ficción, pero siempre para bien. Salud.



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Angels from the realms of glory,
stars shone bright above
Royal David city 
was bathed in the light of love

Jesus Christ was born today, 
Jesus Christ was born 

Lo, they did rejoice
fine and pure of voice
And the wrong shall fail, 
and the right prevail.

Jesus Christ was born today, 
Jesus Christ was born 


And we're gonna get born now

viernes, 21 de diciembre de 2012

Canciones para el fin del mundo

A esta hora del viernes 21 de diciembre del 2012 estoy vivo pero, según cierta civilización  mesoamericana de hace milenios, el Apocalipsis tendrá lugar dentro de algunas horas, y con él nos llegará a los humanos la hora de morir irremediablemente. No voy a poner en duda los cálculos que hace unos cuantos siglos realizaron unos señores en taparrabos que, por lo visto, desconocían artilugios tan avanzados y futuristas como la rueda, así que me hundo en la resignación y me dispongo a pasar una de las tres horas que le quedan al planeta hablando de música. He pensado que, ya que dicen que esta noche vamos a ser asolados por cataclismos meteóricos, terremotos infernales y olas gigantes, al menos que tengamos el alma preparada gracias a la música. Con este post pretendo preparar al lector para el inexorable final de las civilizaciones con una lista de canciones sobre esta temática. En general, cualquier canción sobre el fin del mundo, la destrucción masiva o el juicio final era susceptible de entrar, pero por cuestión de gustos y de prejuicios la lista es la que es. Por otra parte, en un blog amigo como es Posts desde el Subsuelo se acaba de confeccionar un post similar pero estrictamente cinematográfico, para que luego digan que no tienen música ni películas que elegir. Dejo al final del post la lista en Spotify y, sin más preámbulos, entremos en materia. Como decía Sabina, que el fin del mundo nos pille bailando.

1. It's the end of the world as we know it, R.E.M.



Quizás sea una evidencia, pero una lista así tiene que ser abierta con esta canción. Habla de terremotos y huracanes, y Michael Stype acepta estoicamente el ocaso de sus días diciendo It's the end of the world as we know it, and I feel fine; es el fin del mundo tal y como lo conocemos y yo me siento bien.

2. Lonesome day, Bruce Springsteen.



Esta canción fue escrita por el Jefe a raíz de los atentados del 11-S en Nueva York. Su temática no puede ser más desoladora, "un sol oscuro saliendo, la tormenta arrasará..." y demás alegorías sobre la muerte; temazo potente de rock de estadio para plantarle cara.

3. Until the end of the world, U2.


Una canción mítica del que probablemente es el mejor disco de U2, Achtung Baby, a partir del cual se convirtieron en el producto de todo a cien que son hoy. Until the end of the world es de lo mejor del disco, con guitarrazos enérgicos y un solo memorable de The Edge. Seguimos preparando el fin del mundo con rock.

4. (I'll love you) till the end of the world, Nick Cave & the Bad Seeds.


También hay hueco para canciones de amor en esta lista, como esta de Nick Cave en la que le promete su chica amor incondicional hasta que llegue el fin, así que no le queda mucho. Gran canción para despedirse.

5. Dance me to the end of love, Leonard Cohen.


Digo yo que si se acaba la vida en el mundo también se acabará el amor, es ahí donde cobra sentido el título de esta canción del señor Cohen, báilame hasta el final del amor. Con Dance me ponemos fin a esta pequeña dosis de sentimentalismo para despedirse de las mujeres, y volvemos a la destrucción del planeta Tierra.

6. A hard rain's a-gonna fall, Bob Dylan.


Para contextualizar, esta canción fue escrita por Dylan en plena crisis de los misiles, con decenas de cabezas nucleares soviéticas plantadas en Cuba y apuntando directas a la Casa Blanca. "A hard rain's a-gonna fall means something is gonna happen" dice el propio Bob al principio la versión en directo, refiriéndose al holocausto nuclear al que parecía condenado el mundo occidental. No hubo holocausto, pero nos quedó esta memorable canción.

7. The Man comes around, Johnny Cash.


Seguimos la lista con una canción del hombre de negro que hace referencia clara al día del Juicio Final y a la segunda venida de Jesucristo, "there's a man going around taking names and hedecides who to free and who to blame, everybody won't be treated the same, there'll be a golden ladder reaching down when the Man comes around". Durante sus últimos años Johnny Cash se prodigó en cantar canciones sobre la muerte (Hurt, God's gonna cut you down...), pero en esta no se refería solo a la suya, sino a la de todos los hombres.

8. Bad moon rising, Creedence Clearwater Revival.


Habla aquí John Fogerty del destino fatal que les espera a los que salgan a la calle una noche como la de hoy: "don't go around tonight, it's a bound to take your life, there's a bad moon on the rise". Canciones apocalípticas pero de buen rollo, como debe ser.

9. When the word ends, Dave Matthews Band.


Salto de algunas décadas hasta los 90, cuando la Dave Matthews Band publicó su disco Everyday. When the world ends, rock suave en otra canción más sobre el final.

10. London calling, The Clash.


El Apocalipsis va por barrios, y en esta canción es a los londinenses a los que les toca escuchar las trompetas de Jericó. En London Calling habla Joe Strummer de catástrofes nucleares y glaciaciones letales que tendrán las orillas del Támesis como epicentro.

11. Revelations, Iron Maiden.


Durante años, servidor fue a una escuela de rock en la que le instruían sobre las grandes bandas del género, desde los Beatles hasta Black Sabbath. Allí conocí esta brutal Revelations que, para quien no lo sepa, significa Apocalipsis en inglés, ya que este libro de la Biblia se conoce también como el de las Revelaciones. Una concesión al heavy de Iron Maiden para la lista, ya que no podía faltar la banda que más ha cultivado el rock apocalíptico.

12. The end of the world, The Cure.
Esta es otra banda que, por estética, tiene pinta de ser docta en el asunto de la muerte y el final de los tiempos. Nunca he sido muy aficionado a The Cure, pero hay que reconocerles grandes temas como Friday I'm in love, Boys don't cry o esta The end of the world.

13. The man who sold the world, David Bowie.



Otro que probablemente tenga un pacto con los mayas es David Bowie, el pelirrojo con un ojo de cada color, experto en canciones sobre alienígenas, viajes espaciales y arañas invasoras. Aquí dejo The man who sold the world, el hombre que vendió al mundo, que más tarde hizo extra-famosa Kurt Cobain.

14. Sympathy for the Devil, The Rolling Stones.


No podían faltar los Stones, los embajadores del satanismo en la Tierra, que probablemente estén esperando a que llegue el fin del mundo para reencontrarse con su viejo colega el Diablo, interpretado magníficamente por Harvey Keitel, para mostrarle sus simpatías.

15. The end, The Doors.


La canción definitiva sobre el final de los finales. Quién no recuerda la escena inicial de Apocalypse Now, en que un palmeral vietnamita es asolado por napalm norteamericano mientras suena esta canción. "This is the end, my only friend, the end". Y con The end, llega también esta lista a su fin. Como diría Desmond Hume en Lost, see you in another life brother.



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This is the end, beautiful friend
This is the end, my only friend
The end of our elaborate plans
The end of everything that stands, the end

No safety or surprise, the end
I'll never look into your eyes again